Panteón General, sitio de encuentro entre vivos y muertos

Panteón en la ciudad de Oaxaca/Foto: Jorge Luis Plata

Citlalli López / Foto: JLP

Oaxaca, Oax., 3 de noviembre de 2015.- Conforme lo marca la tradición, este 2 de noviembre, cientos de familias y turistas se dieron cita en el Panteón General de San Miguel a compartir la comida y bebida con los seres queridos que “encontraron ya la vida eterna”.

El panteón abrió sus puertas de par en par para desfilar el olor de noviembre, el humo del copal e incienso. El amarillo de las hojas de cempasúchil marcando el camino para el regreso, la cera derramada por el sepulcro, bajo la flama que bailotea con el viento.

Antes de entrar, la verbena se despliega con el crujir de los molotes que se fríen en el aceite, el tasajo asadito en el comal y en el perol el téjate. La romería lo inunda todo, bebida, comida, flores y disfraces.

En un sepulcro, una familia le canta a su ser querido, en otra comen empanadas de San Antonino, la marimba retumba al paso de los turistas de cara pintada de calaverita de dulce.

Así se vivió parte de la tradición el 2 de noviembre en el Panteón General o Panteón de San Miguel.

Parte de la historia recita que fue en 1829, a raíz de la promulgación de las nuevas leyes de inhumación, dictadas a partir de la mortandad registrada en la ciudad de Oaxaca, resultado de la epidemia de viruela que se debió buscar un lugar apropiado que sirviera de cementerio y éste fue el terreno situado entre el río Jalatlaco y las canteras municipales, ahí recibió el nombre de Campo Santo General.

En 1833, este panteón fue nuevamente utilizado para dar sepultura a las numerosas víctimas del cólera.

El 1834 el panteón fue delimitado por una barda provisional y se levantó en su centro una capilla rodeada de nichos y puede decirse que éste fue el primer panteón municipal en Oaxaca, el cuál fue llamado de San Miguel.

En 1839, el ayuntamiento dispuso mejorarlo, para lo cual designó al consejero y profesor de dibujo, Francisco Bonequí, para que proyectara un cementerio en toda forma.

Aceptado el proyecto, se designó a Bonequí como director de obras, desafortunadamente a resultas de las constantes revueltas que ocurrían en ese entonces por la ciudad, la construcción fue suspendida cuando se había logrado cierto avance y se extravió el proyecto de la monumental capilla que debía figurar en medio del cementerio, por lo que esta nunca se terminó.

Aún inconcluso, el panteón fue utilizado desde entonces como tal, gracias al decreto del 5 de septiembre de 1844, el cual prohibía las inhumaciones en templos.

Finalmente terminado el edificio de estilo toscano, quedó construido por cuatro  muros de 113 metros cada uno y un frontispicio sencillo. En su interior se levantan cuatro galerías formadas por 100 arcos del mismo orden, con 2 mil 355 nichos, sepulcros de piedra, simétricamente abiertos, entre los anchos muros.

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