Rocío Flores/FOTO: Carmen Pacheco

CAPULÁLPAM DE MÉNDEZ, Oax. Un enorme sabino custodia la vida de Capulálpam, un pueblo ubicado entre las montañas de la Sierra Norte de Oaxaca. Aquí la vida transcurre sin prisa. La gente va y viene a su tiempo por las calles empedradas y limpias, se mira, va saludando a quien encuentra, sea local, vecino o visitante.

Capulálpam huele a hierbas, en las hojas de los árboles se observa aún el rocío. Caminando por sus pendientes se puede sentir el aire -ligeramente frío- que trae del interior de las casas, escuelas o de las tienditas, los murmullos de las conversaciones.

Este pueblo zapoteco fue nombrado hace 11 años un Pueblo Mágico por su arquitectura tradicional y la hospitalidad de la gente. Las instituciones oficiales destacan como atractivo las casas hechas de adobe, madera y teja, además el templo de San Mateo -patrono del pueblo- construido de cantera amarilla y adornado en el interior con singulares retablos que datan del siglo XVI y XVII.

Pero Capulálpam es mucho más que eso, sus habitantes resguardan valiosos recursos naturales: bosque, una variedad de flora y fauna, plantas exóticas y medicinales que en conjunto con sus saberes ancestrales orientaron a la creación de un centro de medicina tradicional.

Capulálpam es un municipio y también es una comunidad indígena agraria, regida por el sistema de usos y costumbres y reconocida en la Legislación Agraria Mexicana, es propietaria de los bosques, de su cuidado, manejo sustentable y de su conservación.

Capulálpam de Méndez, Oax. Foto: Carmen Pacheco/Derechos reservados.

La población mantiene una relación de respeto con la naturaleza. Han sido ejemplo en el manejo y conservación forestal en el ámbito comunitario, al menos durante dos décadas. De sus recursos forestales e hídricos han generado actividades productivas: una empresa comunitaria de ecoturismo, una purificadora y embotelladora de agua, una planta trituradora de agregados pétreos y una pequeña fábrica de artesanías.

Los enormes árboles de fresno, ayacahuite, ocotal o encino invitan a subir y descender los caminos del bosque, recorrerlo en silencio o gritar. Se respira libertad.

La caminata es una oportunidad para reconocer los sonidos de la naturaleza o para observar las especies endémicas de orquídeas, helechos arborescentes, palma, o diversos tipos de flores, bromelias, musgos, líquenes, y hongos que se va encontrando en el paso hasta llegar a un punto donde confluye el caudal de dos ríos que los habitantes usan para consumo humano.

Más arriba y ya internándose en el bosque, en esas tierras es posible encontrar animales como el tapir, el temazate, jaguar y varias especies de pericos y tucanes; especies de zonas templadas como puma y el venado cola blanca, así como algunas aves endémicas como la urraca enana, entre otras.

Cristian, un joven originario del lugar, quien nos acompañó en este recorrido, asegura que los han captado con las cámaras instaladas en la zona para monitorear otras especies.

Se expande en su relato. Dice que le gusta ese trabajo y subir a los árboles, vivir en la Sierra, entre las nubes que en época de lluvia casi tocan las montañas.

“Aquí no hay Horario de Verano, un día podemos venir al monte desde las 9 hasta las cinco o seis de la tarde, otro podemos subir hasta allá arriba (señala la montaña) y otro día solo tenemos que cuidar que nadie entre hasta acá”, dice mientras atravesamos rápidamente el caudal del río, uno de los afluentes más importantes para Capulálpam.

Capulálpam de Méndez, Oax. Foto: Carmen Pacheco/Derechos reservados.

Cristian, igual que el presidente de Bienes Comunales Netzar Arreortua Martínez y la población en general, resguarda los bosques, arroyos y ríos que sostienen la vida en su comunidad, ante el riesgo que representa la reactivación de la minera Natividad, luego de una suspensión temporal por su presunta responsabilidad en la fuga de 13 de los manantiales de esa región.

“De aquí tomamos el agua para los barrios del pueblo, de aquí se envasa para distribuir en algunos puntos de la ciudad de Oaxaca”, va relatando el joven mientras regresamos y enfilamos rumbo al Parque Recreativo Los Sabinos, ubicado a espaldas de la comunidad, donde un enorme sabino parece custodiar al Pueblo Mágico de Capulálpam.

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