Patricia Briseño

OAXACA, Oax. En las festividades de Todos Santos y del Día de Muertos, el panteón general de San Miguel, en la ciudad de Oaxaca, se encuentra abandonado ante la desatención del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

El principal cementerio de Oaxaca está  parcialmente cerrado desde el año pasado, debido a las restricciones por los riesgos que representa la construcción a causa de los sismos del 7 de septiembre del 2017, principalmente en los corredores donde se encuentran los nichos y la barda perimetral.

Muros, bóvedas, pilares y arcos agrietados –algunos con apuntalamiento para evitar su derrumbe–, así como aplanados desprendidos, muestran los efectos del sismo, pero también la indiferencia del INAH a este inmueble histórico.

La presidencia municipal de Oaxaca, tampoco se ha preocupado mucho, pues los  montones de cascajo siguen sobre la vía pública, igual que aquel siete de septiembre que cimbró 8.2 grados la tierra.

El presidente municipal de la capital,  José Antonio Hernández Fraguas informó cerrarán  algunas de la áreas y el horario de acceso al camposanto estará restringido por recomendación de Protección Civil, como se hizo el año pasado.

Tampoco habrá bandas de música ni quema de pirotecnia, pues las vibraciones puede afectar más aún al  edificio de casi 190 años de antigüedad, por lo que descartó celebraciones nocturnas como el alumbrado de los nichos y las tumbas como era la costumbre, hasta antes del temblor.La capilla que quedó inconclusa, por el extravío de los planos originales, donde se encuentra la cruz dedicada al Muerto Olvidado, también presenta severos perjuicios.

El encargado del panteón general de San Miguel, Raúl Canseco Luis, explicó que el área donde se presentan las mayores afectaciones es sin duda los corredores, debido a las fisuras y agrietamientos en una gran parte de sus muros y pilares. La fachada también está averiada, por lo que se optó clausurarla y usar una entrada contigua.

Sin embargo, dijo que desconoce la razón de la desatención del INAH al inmueble, a pesar de los daños registrados.

El origen del panteón de San Miguel se remonta a 1829, a raíz de la promulgación de las nuevas leyes de inhumaciones, dictadas a raíz una epidemia de viruela. Dentro del panteón  se alzan cuatro galerías, las que comprenden 100 arcos en el mismo orden, con dos mil 355 nichos o sepulcros de piedra simétricamente abierta en las anchas paredes.

Actualmente, el panteón general San Miguel, además de los nichos, tiene alrededor de 22 mil tumbas.

La extensión del panteón, su conformación arquitectónica y los cimientos de una capilla al centro, hacen un panteón notable en el país, que alguna vez se pensó inscribirlo como patrimonio de los oaxaqueños.

UNIÓN HIDALGO, ISTMO AFECTADO POR TERREMOTO

En el panteón municipal de Unión Hidalgo, en la región del Istmo de Tehuantepec, no son diferentes las cosas previas al Día de Muertos.

Las criptas –distintas a las comúnmente conocidas en otras partes de México, pues acá tienen dimensiones parecidas a las de una vivienda—se derrumbaron con el sismo del año pasado, pero ante la falta de dinero para reconstruirlos, algunas deudos optaron por trasladar el  altar a sus viviendas en ciernes de patios amplios.

El  terremoto de septiembre del año pasado, cobró la vida de siete pobladores de Unión Hidalgo.Su vecindad con el estado de Chiapas (epicentro del sismo de magnitud de 8.2) afectó alrededor de tres mil 500 viviendas, 500 en destrucción total, y una población damnificada de aproximadamente 10 mil habitantes.

Antes del temblor, el panteón del antiguo Ranchú Gubiña (nombre original de Unión Hidalgo) sobre salían por sus colores, techos altos y paredes firmes pero hoy esa postal quedó atrás pues varias tumbas se vinieron abajo, y hoy lucen en ruinas.

En Unión Hidalgo, como en otros municipios del Istmo de Tehuantepec, la ayuda gubernamental llegó a cuenta gotas, no sirvió de mucho para atender los apremiantes requerimientos de comida y agua entre los miles de damnificados. “El rescate de la tumba puede esperar”, dice Ángeles.

Ella es damnificada, perdió su vivienda. La tumba de su mamá también se vino abajo, como le ocurrió a otros habitantes de Unión Hidalgo.

Después de un año consiguió levantar su vivienda. Recientemente terminó un cuarto que sirve de recamara, sala y comedor. Ángeles  junto con sus dos hijos elaboró artesanalmente los tabiques de adobe, para ahorrar costos en la reconstrucción de su casa.

En su cuarto también tiene cabida el altar dedicado a su madre, en tanto, tiene recursos para construir el cuarto donde están los restos de su familiar.

La mesita donde instaló el altar resalta por la variedad de flores, desde los tradicionales como el corozo, guie ‘ chachi, la albahaca, tulipanes, flor de china hasta las rosas, lilis y gladiolas, sin olvidar las imagen  de Cristo, vírgenes y santos, y a los costados veladoras aromáticas.

“Eso es lo más importante por ahora, que el alma de mi madre esté conmigo, mientras me recupero económica y anímicamente”, comentó.

 

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