EL COMENTARIO DE HOY

Columna/ Juan Pérez Audelo 

No tengo la menor duda de que la política ha ido perdiendo los valores que algún día la ubicaron como el eje del buen gobierno, del entendimiento, el diálogo y la razón. Algunos clásicos de la ciencia política como Max Weber, Robert Dahl, Hans Kelsen, Norberto Bobbio, Giovanni Sartori y varios académicos mexicanos que forman opinión como Denise Dresser, Federico Reyes Heroles, Leo Zuckermann, Jesús Silva Herzog Márquez, entre otros, habrían de palidecer al escribir sobre la decadencia de la que ha sido considerada como una ciencia práctica. La realpolitik, como la definieron pensadores alemanes.

La demagogia, el doble discurso y la doble moral. La retórica y no la razón; la cerrazón versus inteligencia; la obstinación y no los consensos; la autocracia y los arrebatos verbales, parecen ir ganando terreno en el México contemporáneo. Un día se dice una cosa, al siguiente se dice lo contrario. Hace falta solidez en el discurso. El valor de los principios. Nadie está descubriendo el hilo motriz de un cambio sustancial en el país, mucho menos está forjando el fin de la historia.

Y es que en Oaxaca hemos visto cosas en verdad inéditas. Por ejemplo, un presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, haciendo comentarios torpes y banales sobre los abogados. Juicios de valor y generalizaciones. Un maniqueísmo burdo, al calificar a los buenos y a los malos. Lejos de admitir sus excesos o exabruptos, siguió abonando para desacreditar una profesión con un profundo arraigo entre los oaxaqueños. ¿De dónde le surgió la idea de emular a la Santa Inquisición o el oficio de Torquemada? A la falta de oficio político. Y no es la primera vez. En el Congreso, pues, bien podemos decir que la Iglesia está en manos de Lutero.

En noviembre de 2018, en plena euforia del triunfo de lo que ahora es el gobierno de la Cuarta Transformación, al menos siete diputados y diputadas del Movimiento de Regeneración Nacional –MORENA-, presentaron una iniciativa de lo que podría ser una Ley de Austeridad. Reducir el salario de los funcionarios de los poderes del Estado, en viáticos, gasolina, guaruras, telefonía celular, evitar excesos en gastos de viajes y remodelación de oficinas, etcétera. Eran entre otras, las bondades de la austeridad republicana.

A seis meses de haber perfilado la citada iniciativa, la misma se mantiene en la congeladora o hay otros factores que no la hacen vigente. Esta situación revela lo que decimos al principio: incongruencia, doble discurso y doble moral. A menudo cacarean que “es un honor estar con Obrador”, pero no en la política de austeridad ¿Entonces?

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