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GUADALAJARA. Incluir poca o nada de fibra en la dieta diaria provoca las mayoría de las veces estreñimiento y heces fecales duras, las cuales, al ser expulsadas del organismo provocan daños en los esfínteres y, posteriormente, el desarrollo de la enfermedad hemorroidal.

El director de la Unidad de Medicina Familiar (UMF) del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Jalisco, Salvador Martínez García, dijo que en torno a esta patología hay muchos mitos, como aquel que la atribuye a que las personas se sienten en superficies “calientes”.

Afirmó que durante la temporada de calor sí se agudizan los síntomas, pero ese no es el origen del problema.

Asimismo, dijo, mucha gente se refiere a esta enfermedad como ‘hemorroides’, pero en realidad todos las tenemos, son una especie de cojinetes de tejido vascular ubicados en el ano que favorecen la función del esfínter, es decir, impiden que haya una fuga de excremento.

“Cuando hay enfermedad hemorroidal estos cojinetes se inflaman y pierden elasticidad”, señaló Martínez García, quien agregó que algunas molestias características son dolor y prurito a nivel del ano.

El experto en Medicina Familiar explicó que la afección debe tratarse desde la fase inicial, porque hay etapas más avanzadas que pueden requerir incluso de una intervención quirúrgica. A mayor edad, mayor riesgo, pero también lo hay en jóvenes que no llevan una alimentación balanceada.

Reiteró que la recomendación es aumentar el consumo de fibra para mejorar la digestión y no generar heces fecales duras. No es adecuado pasar periodos prolongados sentados en la taza del inodoro, porque esta acción, por sí misma, es otro factor de riesgo para desarrollar enfermedad hemorroidal.

También mencionó que existe la alternativa de la cirugía pero, de acuerdo con sus características personales, muchos pacientes no serían candidatos.

Otro de los mitos que giran en torno a este problema de salud, es que lo presentan sólo quienes mantienen prácticas sexuales vía anal, pero Martínez García informó que es falso.

Tanto quienes las llevan a cabo, como quienes no, tienen iguales probabilidades de padecer la enfermedad si no fomentan un estilo de vida saludable tanto en la alimentación, como en la realización de actividad física y en la reducción de factores generadores de estrés.

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