Mayra Ricárdez

OAXACA, Oax. La competencia que para los artesanos que con trabajo costean una renta y gastos de mantenimiento a través de colectivos que ofrecer una amplia gama artesanal, se incrementa en temporada turística con el arribo de un sinfín de vendedores ambulantes que a través de tarifas oficiales y moches a las autoridades, se colocan en espacios públicos para expender lo que ni siquiera es artesanía, sino productos hechos a base de resina, manufacturados en fábricas principalmente del Estado de México, y algunos más procedentes incluso desde China, se trata si, de la piratería artesanal.

El zócalo de la ciudad se volvió desde hace meses o incluso años, el foro con la mayor concurrencia de este tipo de productos de baja calidad, que en un franco engaño venden a los turistas como artesanía oaxaqueña; el mercado se extiende en estos días de gran presencia turística; en todo el corredor turístico Macedonio Alcalá y en espacios de gran aforo como las escalinatas de acceso al auditorio Guelaguetza y los accesos a las festividades de la Feria del Mezcal.  

De esta forma, la historia se repite en cada verbena popular e incluso en el día a día, la permisibilidad de las autoridades que otorgan los espacios para la venta en vía pública no distinguen calidad, mucho menos originalidad, y el turismo e incluso los locales se ven estafados con la compra de productos utilizados incluso como enseres básicos, platos, tazas y vasos, sin conocer la calidad del material, pese a lo peligroso de la utilización de plomo en estos productos.

Lo mismo sucede con los textiles, que de igual manera, hechos ya de manera industrial, son ofertados como piezas elaboradas a mano, provenientes de maquiladoras de diversos estados, e incluso de Centroamérica, y que ambulantes ofertan como artesanía oaxaqueña, lo cual está muy lejos de ser.

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