EL COMENTARIO DE HOY

Columna/Juan Pérez Audelo

Ya no es novedad que durante las festividades del mes de julio se haga presente el oportunismo de dirigentes de organizaciones y grupos. El objetivo es chantajear al gobierno pegándole al turismo y a quienes viven de la industria sin chimeneas.

Lo hemos visto en estos días, con miembros del Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca –el STEUABJO- y lo vemos a menudo, con los vecinos de las Colonias Unidas u otros, atracando en la caseta de cobro de Huitzo.

Cualquier grupo o hijo de vecino amenaza con boicotear La Guelaguetza, como lo hizo el magisterio afiliado a la Sección 22 desde el 2006 hasta el año pasado. Estas fechas pues, son las idóneas para el chantaje, la manipulación, para dar la nota. ¿Y saben por qué? Porque los dirigentes que encabezan esta escalada en contra de la economía e imagen de Oaxaca, asumen que cualquier acción que emprendan siempre quedará impune.

En la medida en que se acerca la celebración de lo que se ha llamado nuestra fiesta máxima, en esa medida habrán de arreciar las presiones. Hay quienes han vivido de la industria del chantaje y la movilización. Y se esperan hasta esta temporada para apretar.

Desde principios del mes empiezan con las amenazas, los emplazamientos, lanzando avisos abiertos o velados a las autoridades. Y ello se ha hecho tan común, que pareciera ser que forma parte de nuestra tradición.

¿Cómo hemos llegado a esos extremos? El razonamiento es simple. Porque hay miedo para aplicar la ley. El atraco en casetas de cobro es eso, no es una protesta. Es un robo. Como ninguna autoridad les pone un alto, lo hacen una y otra vez, obteniendo jugosas rentas. En el gobierno estatal solo se encogen de hombros y le echan la bolita a la Federación, dado que se trata de vías federales de comunicación.

Veamos hoy mismo el resultado de la abulia oficial en el crecimiento brutal del comercio en la vía pública. Ya los puestos se han extendido hasta frente a la explanada de Santo Domingo. Pero nadie le quiere entrar.

Gobiernos timoratos y pusilánimes. Los dirigentes del comercio en la vía pública hasta se dan en lujo de emplazar al gobierno de la ciudad o al estatal a aceptar ciertas condiciones.

Solo pensar en meter a la fuerza pública para evitar que esos cuantos oportunistas dejen de dañar la imagen y la economía de la que sobreviven miles de oaxaqueños, resulta un serio desafío, por la tendencia bien marcada a la victimización que muchos aprendieron del magisterio.

No hay pues –y supongo que ni habrá- voluntad política para imaginar siquiera que Oaxaca merece otro destino y no el que le marcan unos cuantos chantajistas y vivales.

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