EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/Columna

México se sigue perfilando como uno de los países más peligroso para ejercer el periodismo. En espacios anteriores ya hemos comentado agresiones, privaciones de la libertad y asesinatos de compañeros cuyo único pecado es cumplir con su labor de informar.

La semana pasada, aquí en la capital oaxaqueña, un colega camarógrafo fue agredido con un bate, luego de que su automóvil fuera dañado por un sujeto, operador de un taxi foráneo, bajo la supuesta protección de la CTM, que se asume dueña de las calles.

Solo en la semana anterior se contabilizaron tres asesinatos. El reportero Jorge Celestino Ruiz, fue atacado a tiros en Actopan, Veracruz, menos de 24 horas después de que Édgar Alberto Nava, director y editor del portal “La Verdad de Zihuatanejo”, fuera asesinado. Un poco antes, Rogelio Barragán, del portal periodístico “Guerrero al Instante”, fue hallado muerto en la cajuela de su automóvil.

Hay varios casos que se han denunciado y contrastan con los discursos oficiales de respeto a la libre expresión y demás demagogia. En los hechos, a la mayoría de los compañeros que han privado de la vida en los últimos años, no se les ha hecho justicia.

Ello camina al tenor de las vejaciones y señalamientos que se hacen a algunos medios nacionales, por parte del gobierno de la Cuarta Transformación. 

Diversos organismos internacionales, como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), han condenado las agresiones. El diario El Monitor de Parral, en Chihuahua, por ejemplo, sufrió un atentado con bombas incendiarias que lanzaron desconocidos, el pasado 31 de julio. El periódico se vio obligado a cerrar su versión impresa tras este atentado. La organización hemisférica pidió a las autoridades que investiguen y muestren resultados en la aplicación de la justicia.

El pasado primero de agosto, Humberto Padgett colaborador de un noticiero en Radio Fórmula e Imagen Noticias, fue detenido mientras realizaba una investigación sobre la controvertida construcción del nuevo aeropuerto en Santa Lucía, como alternativa para descongestionar al aeropuerto internacional de la Ciudad de México. El periodista fue liberado tras varias horas de detención.

Las agresiones, privaciones de la libertad y asesinatos pues, representan una mancha indeleble en nuestra incipiente democracia. Lo grave es que de los regímenes neoliberales a la llamada Cuarta Transformación, las cosas siguen igual o peor.

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