Foto: AFP, RAÚL/ARBOLEDA
Citlalli López 

OAXACA, Oax. El ataque con ácido de mujeres, crimen que se había presentado en la Ciudad de México, Puebla y Estado de México, ahora es replicado en Oaxaca. Este tipo de ataque no busca la muerte de la víctima, sino afectar de manera permanente su vida debido a las secuelas, pues el líquido destruye en instantes glóbulos oculares, parpados, oídos, labios, nariz y boca.

Una revisión realizada a cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública evidencia que a pesar de lo grave que resultan estos ataques las cifras son invisibles.

El crimen en expansión ha pasado desapercibido, entre otras expresiones de violencia extrema.

Previo al cometido en contra de María Elena, de 26 años de edad, atacada en Huajuapan de León, Oaxaca, la tarde del 9 de septiembre, se encuentran las de dos mujeres, madre e hija, de 43 y 24 años, quienes fueron el blanco de un hombre que les arrojó ácido en la cara en Puebla.

Otro más fue el cometido en contra de Kenny Finol, una scort de 26 años de edad, que fuera hallada en Ecatepec, Estado de México con el rostro carcomido por el ácido que le aventó su asesino.

Otros muchos casos también han sido documentos únicamente por medios de comunicación. A pesar de los casos, el Sistema Nacional de Seguridad Pública, que publica estadísticas mensuales de delitos en los estados, no tiene apartado para este en específico, es como si no existiera.

La desfiguración producida por el ácido lleva los daños físicos a un plano psicológico, ya que las víctimas sufren depresión y trastornos del cambio de apariencia.

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