EL COMENTARI DE HOY

Juan Pérez Audelo/Columna

Pasaron los festejos patrios y la imagen que presentó la ciudad capital, particularmente el Centro Histórico, fue algo más que deplorable. El comercio en la vía pública ha superado cualquier expectativa. Los puestos y comerciantes se han multiplicado. Han invadido ya todos los espacios comunes.

Los pasillos del palacio de gobierno son ya cuasi una propiedad de los triquis, llamados a sí mismos desplazados, aunque dicha figura motive serias controversias.

Es evidente que el problema no lo resolverá solamente el ayuntamiento de la capital. Deberá ser a través de una operación concertada y en coordinación con otros órdenes de gobierno. No se trata tampoco de echarse la bolita; de estar culpándose entre sí, sino de actuar.

El directorio de beneficiarios de la economía informal creció ante la complicidad y apatía de las mismas autoridades. Es decir, el asunto ya se salió de control.

Todo mundo se sorprende de que los pocos triquis que tienen medidas cautelares de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, se hayan apropiado de los espacios en donde cocinan, duermen, comercializan, etc.

Es obvio que han abusado de dicha protección. Es más, una de sus dirigentes lo mismo arremete en contra de la Policía que en contra de funcionarios de gobierno. La pregunta es: ¿Por qué con los elementos que tiene el gobierno estatal no ha echado abajo dichas medidas cautelares? Es un misterio.

Una pregunta más es: ¿y quién o quiénes protegen a los sempiternos líderes y lideresas del comercio en la vía pública, que hasta hace unos pocos años servían como grupos de choque de las mismas autoridades? El caso es que con el comercio ambulante nadie quiere meterse, no obstante el daño que han ocasionado a la imagen del Centro Histórico y a la visión de una ciudad rehén de la anarquía y la ingobernabilidad.

No se trata de poner en tela de juicio si la manera como se ganan la vida es legal o ilegal. Lo que sí es una afrenta a los derechos civiles y ciudadanos, es utilizar los espacios comunes, que son de todos, para convertirlos en cotos privados. Hay calles en donde las banquetas han desaparecido por completo, haciendo que la gente se baje al arroyo vehicular, poniendo en peligro su vida.  

Es urgente pues, que las autoridades tanto estatales como municipales asuman su función en la salvaguarda de los derechos del ciudadano y con energía busquen reordenar el comercio en la vía pública. A la ciudadanía oaxaqueña le asume el derecho de exigir el libre tránsito, porque al paso que vamos, no dudemos que al rato los atrios, parques públicos y cualquier espacio común, estén asimismo invadidos.

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