EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/Columna

Se ha convertido en un discurso constante y permanente, el tema de la alerta de violencia contra la mujer. Son cuarenta municipios los que tienen en vigor dicha alerta y los buenos propósitos gubernamentales para limitar o abatir la violencia de género se ha estampado con una realidad preocupante: los crímenes que tienen como víctimas a mujeres, siguen su carrera ascendente.

Desde el régimen pasado, los feminicidios fueron un capítulo pendiente para la procuración de justicia. Oaxaca se ubicó en uno de los primeros lugares a nivel nacional. El porcentaje de detenciones exitosas de los responsables materiales, hay que reconocerlo, ha sido mínima respecto a la cantidad de asesinatos cometidos. Es pues, un capítulo pendiente para este gobierno, a pesar de los intentos por poner en tela de juicio las cifras reales.

Y es que, mientras en la percepción ciudadana Oaxaca se ha convertido en una entidad con alto índice de criminalidad, sorprende que en las esferas de responsabilidad, como la Secretaría de Seguridad Pública, por ejemplo, se diga que hay un porcentaje considerable de disminución de homicidios dolosos y otros delitos.

Pareciera ser una dualidad entre la realidad y la ficción, pues organismos civiles que miden la inseguridad en México, coinciden en que hemos devenido una entidad ciertamente violenta.

Los asaltos a mano armada se han vuelto parte del escenario citadino, igual que las personas que son heridas al resistirse al asalto. Algunos delincuentes han sido video grabados cometiendo sus fechorías, pero hay apatía oficial para la investigación y su consecuente aprehensión. Algunos malandrines provienen de otras entidades del país y ven en Oaxaca un terreno fértil para sus acciones delictivas.

Por ello, cualquier ciudadano que escuche las cifras alegres de las autoridades en torno a la seguridad, o se mofa de ellas o simplemente las ignora. Es obvio que hay ahí un problema. No se trata, pues de echar las campanas al vuelo y festinar los magros logros, sino de diseñar estrategias para evitar que Oaxaca se convierta en breve, en algunas entidades en donde vivir en ellas, es simplemente jugar con la muerte.

¿Cómo decir que el índice de homicidios dolosos se ha reducido, si solo en el fin de semana, cuando se dio la visita del presidente de México, sumaron al menos diecisiete acciones criminales? Está bien que seamos ciudadanos de buena fe pero ello dista mucho de que seamos ingenuos. Creemos que alguien no está haciendo su trabajo.

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