EL COMENTARIO DE HOY

 Juan Pérez Audelo/Columna

Hace apenas unos años, el fervor patrio del mes de septiembre penetraba hasta los hogares más humildes. Era parte del escenario septembrino caminar por las calles de nuestras ciudades y comunidades rurales y observar festones, banderas, rehiletes tricolores. Las mismas autoridades difundían mensajes, spots, arengas a los símbolos patrios y héroes nacionales. Eso, por supuesto, parece haber pasado a la historia.

El fervor patrio se está extinguiendo. Salvo excepciones, la mayor parte de edificios públicos carecen de un distintivo, que nos haga recordar que en estos días se celebra el aniversario del inicio de la Revolución de Independencia; la ceremonia de El Grito y el desfile del 16 de septiembre. La moda externa, los estereotipos extranjeros y la difusión intensiva de íconos foráneos, opacan paulatinamente lo nuestro.

Hay una frase demoledora que afirma que los pueblos que desconocen su historia, están condenados a repetirla. Los planes educativos, sean de la Reforma Educativa neoliberal o la que se aprobó recientemente, parecen soslayar la enseñanza de la historia nacional y el civismo. Una mala educación ha deformado esa conciencia nacional y ha insertado en las mentes de los niños y jóvenes, hechos y personajes ajenos a la idiosincrasia del pueblo mexicano, soslayando nuestra historia Patria.

No se trata de negar los acontecimientos y eventos históricos que se han registrado en la escena mundial; de negar las enseñanzas del Siglo de Pericles, la Guerra del Peloponeso, las Guerras Púnicas, el Imperio Romano, la Revolución Francesa, la Revolución Industrial, la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, la Guerra de Secesión o la Guerra Civil Española, entre muchos otros eventos históricos de los siglos dieciocho, diecinueve o veinte. No.

En este mundo global, nada de eso nos debe ser ajeno. Pero es mayor el privilegio de reconocer a nuestros héroes de la Independencia, de la Reforma, la Revolución y los grandes hombres que han forjado este país con sus actos de heroísmo, con sus enseñanzas, sus contribuciones a la ciencia, la cultura, el arte. Ello contribuye a la unidad nacional y el amor a México. Ello constituye el eje de nuestra identidad nacional y sentimiento patrio.

La grandeza de México no puede explicarse sin un legado histórico de sacrificio y heroísmo. Eso nos fortalece aún más, sobre todo ante las prácticas discriminatorias, xenofóbicas y agresiones criminales que hemos padecido en los últimos tiempos. México es grande, no obstante sus graves problemas de inseguridad y pobreza; de corrupción y de apatía gubernamental.

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