EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/Columna

Todo mundo habla del cambio climático y de lo que el mismo significa. Lluvias atípicas, deshielo de los polos, climas extremosos, polución en la atmósfera, etcétera.

Se han dado reuniones de los líderes mundiales para enfrentar dicho fenómeno que, de no atenderse, será una catástrofe mundial. Muchas medidas se han tomado al respecto, una de ellas es la eliminación del unicel o las bolsas de plástico, entre otras.

Lo paradójico es que en este mundo global, que ha registrado un avance impresionante en el tema de las comunicaciones, los esfuerzos para acotar la contaminación de ríos, mares, de devastación de los bosques, entre otros, han sido limitados y hasta insuficientes.

Hay apatía gubernamental pasa sanear afluentes; para evitar la depredación de nuestra riqueza forestal; para crear conciencia social respecto al daño tan grave que genera la basura mal manejada.

Oaxaca podría convertirse en un pivote de la lucha contra el cambio climático, como líder a nivel nacional en la generación de energía eólica. Sin embargo, pese a las condiciones tan benévolas de la naturaleza para ese fin, las empresas que se han pretendido instalar en la región del Istmo, han pasado un infierno de presiones, chantaje, amparos y hasta recomendaciones de derechos humanos para instalarse.

Hace al menos cinco años, la empresa “Mareña Renovables” trató de instalarse en San Dionisio del Mar. Trascendió que la inversión sería de al menos 14 mil millones de pesos. Pero fracasó. Se le vinieron encima supuestos dirigentes indígenas, defensores de la cultura y el territorio, además de conocidas organizaciones sociales, cuyos dirigentes, ya lo hemos dicho, se mantienen de las dádivas que obtienen de la extorsión a particulares y al gobierno.

Desde hace tres años la empresa “Eólica del Sur”, ha batallado entre consultas a las comunidades y amparos judiciales interpuestos por grupos opositores, hasta que al fin ha podido operar.

Cientos de comuneros han aceptado rentar sus tierras. Pero son unos cuantos los que han puesto y ponen piedritas en el camino. La misma suerte ha corrido la empresa Central Eólica Gunaa Sicaru, que desde hace dos años vive un suplicio similar en la comunidad de Unión Hidalgo.

Se sabe que no son ni veinte personas las que se oponen, con el argumento de que son tierras comunales, no obstante el desmentido de algunas dependencias como el Registro Agrario Nacional. Manejan la identidad indígena, en una comunidad que si bien habla zapoteco, está más permeada por el mestizaje. Lo que podemos aportar en el plan de energías limpias para combatir el cambio climático, se ve opacado por los intereses de unos cuantos.

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