EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo / Columna

En el país existe una honda preocupación por el destino de la educación que imparte el Estado. La aprobación fast track de la propuesta de leyes reglamentarias en el tema de educación, enviada por el ejecutivo federal, por parte de la bancada de Morena, constituye un hito en la historia del país.

Nadie que haya surgido de un proceso democrático y se jacte de representar la voluntad soberana del pueblo puede, per sé, otorgar un cheque en blanco a un organismo que ha demostrado ser, desde hace casi cuarenta años, un eje del rezago educativo.

Nos referimos a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación –la CNTE-. Un organismo disidente, sectario, faccioso, anclado en viejas doctrinas ideológicas y permeado por la demagogia y el doble discurso. Si hay una entidad que lo ha padecido es Oaxaca.

No es fortuito que vayamos a la cola de la educación pública a nivel nacional. Diversos organismos civiles lo han denunciado. El proceso enseñanza-aprendizaje se ha traslapado con un radicalismo enfermizo. Bloqueos, plantones, movilizaciones, han sustituido el carácter eminentemente formativo de la educación.

Los medios de comunicación se dieron vuelo para difundir las propuestas del plan alternativo, que la Comisión Política de la CNTE, donde la Sección 22 tiene mano, entregó al presidente de la República, hace un par de semanas. Una propuesta ideológica, una apuesta al fanatismo, a una supuesta rebeldía, que nada tiene que ver con el mejoramiento de la calidad educativa.

En el trasfondo, el afán pecuniario. No perder privilegios, ni prebendas, mucho menos el nicho de confort. Volverá el tianguis de plazas docentes; la movilización como factor de promoción; la potestad para premiar la mediocridad y el activismo.

Desde mis tiempos de maestro, egresado de una Normal Rural –perdón por hablar en primera persona, me retiré hace mucho- aprendí que el único eje para superar la pobreza y el atraso; la marginación y la manipulación, es la educación.

Gobierno que lo soslaya está condenado a entrar a la historia por la puerta trasera. Lo que hemos visto hoy es una afrenta a todo principio constitucional. Es condenar a los millones de educandos a una formación deficiente, sesgada y superficial.

La CNTE solo tiene presencia en Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas. No es un organismo nacional. Argumentan sus dirigentes que, al menos los tres últimos son los más pobres del país.

La pregunta es: ¿Se ha superado la pobreza desde que nació dicho organismo hace casi cuarenta años, cerrando escuelas, bloqueando carreteras o boicoteando la actividad económica? Por supuesto que no. Qué mejor prueba pues, de que la misma seguirá permeando en nuestro estado, no obstante haberle otorgado a la CNTE, en bandeja de plata, la educación pública.

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