EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

Entre los múltiples problemas que enfrenta Oaxaca está la indolencia y falta de diálogo de los presidentes municipales con los habitantes de las comunidades que gobiernan, ya sea que se rigen por el sistema de partidos políticos o por sistemas normativos internos. Uno de los problemas es la lejanía de los mismos con la ciudadanía, con sus agencias municipales o de policía.

Un factor primario es el económico. Algunos ediles se resisten a otorgar las aportaciones de los Ramos 28 y 33 que, por ley, les corresponden a las agencias. Una fuente oficial revela que el conflicto entre San Miguel Quetzaltepec y San Juan Bosco Chuxnabán, no es agrario sino la negativa del municipio en entregar las participaciones que le corresponden a la segunda. Es el meollo de las vendettas mortales de los últimos tiempos.

La semana pasada, vecinos de la comunidad de San Pablo Güilá, perteneciente a Santiago Matatlán, cerraron la carretera 190 a la altura del crucero de San Dionisio Ocotepec.

Durante 24 horas generaron caos y pérdidas en tiempo y dinero. Miles de automovilistas, transportistas y pasajeros se quedaron varados. Un plan orquestado con toda la mala fe y perversidad imaginable. Detrás de este mecanismo de chantaje y presión, estaba la exigencia de que el edil de Matatlán le entregara a la agencia, 22 millones de pesos que, dijeron, les corresponden.

Una y otra vez la presidenta de la población de Tezoatlán de Segura y Luna, insiste a los concejales en trabajar ya por el bien de la comunidad. Una y otra vez aflora el conflicto postelectoral. En San Dionisio del Mar, el tema de la violencia y la confrontación entre los vecinos sigue sin resolverse. Hay municipios, como Santa Lucía del Camino, en donde dicen que el edil se niega a realizar las reuniones de Cabildo, como mandata la ley.

El pasado viernes 4 de octubre, en Tlacolula de Matamoros afloró la violencia y la confrontación, entre padres de familia que defienden la histórica escuela Adolfo López Mateos, donde se han formado muchas generaciones de tlacolulenses y habitantes que exigen la reubicación de la misma. Cada uno esgrime sus razones. Válidas todas desde su particular punto de vista.

Sin embargo lo que ha faltado aquí, en mi opinión, es el diálogo de las autoridades con los inconformes de ambos bandos, para lograr consensos que beneficien a la población.   Uno más de los factores que arrastran los gobiernos municipales es la resistencia a rendir cuentas. He ahí la negativa para validar las cuentas de ejercicios pasados, por parte de la Legislatura, plagados de opacidad. Ahí, hay aún mucho por hacer.

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