Juan Pérez Audelo/ Columna

La semana pasada, en medio de lo que algunos han llamado crisis de Estado, por los acontecimientos de Culiacán, el presidente Andrés Manuel López Obrador realizó su undécima gira de trabajo por territorio oaxaqueño.

Se trata de algo inédito: ningún presidente de la República, mucho menos los tres últimos, hicieron algo similar. Oaxaca pues, está en el ánimo del gobierno de la Cuarta Transformación. Aunque sea solo eso.

Desde el año 2000, cuando se estrenó el gobierno de Vicente Fox, siguiendo por el de Felipe Calderón y el de Enrique Peña Nieto, el simple anuncio de la visita presidencial, implicaba amenazas del magisterio. La Sección 22 se convirtió en una especie de cancerbero, aquel animal mitológico que resguardaba la puerta de los Infiernos, del territorio oaxaqueño. Ahí estaban lanzando consignas e inclusive alentado la violencia.

Hay que recordar aquella visita de Calderón, el 15 de febrero de 2011, a dos meses del inicio del gobierno de Gabino Cué, cuando los maestros hicieron de las suyas. Golpearon a funcionarios; desarmaron a mujeres policías federales y convirtieron a la capital oaxaqueña en un pandemónium. El ex
presidente sólo volvió una vez más.

Con Peña Nieto fue algo similar. Ahora no. Todo es terso. Ni bloqueos, ni brincos ni sobresaltos. Sin embargo, hay una diferencia que parece no percibirse. En los gobiernos llamados neoliberales, los presidentes, así fuera una vez al año, casi siempre traían bajo el brazo recursos adicionales, de los que el mandatario, por su investidura, podía disponer. Y el gobierno estatal o la ciudadanía, podían convencerlo de apoyar tal o cual proyecto.

Lo que en lo personal percibo hoy –y es una opinión estrictamente personal- es que salvo la primera visita, cuando se puso en marcha el Programa de Pavimentación de Caminos Rurales, no se habla de recursos para superar nuestro atraso en ciertos rubros.

Ha habido al menos cuatro giras para supervisar el sistema de salud. Una para inaugurar una convención de empresarios, otra para el Proyecto Transístmico y otra más para programar la terminación de los postergados proyectos carreteros.

Como oaxaqueño espero que las siguientes sean algo más que discursos, más que encuentros, recapitulaciones del pasado o llamados a la unidad. Que el presidente pondere nuestra realidad en materia de infraestructura, salud y otros. Sabemos que en cuanto a seguridad podemos pedir poco. Pero que vuelva el tiempo de que el presidente pueda aportarnos algo más, a nuestra pobreza y atraso recurrentes.

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