EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/Columna

Sin duda alguna, vivimos tiempos difíciles. La inseguridad está resquebrajando el tejido social en México. Pero hay tal indolencia en las altas esferas del poder público, que pareciera ser que vivimos los tiempos de paz y gobernanza de antaño. Las cosas se ven cual si fueran parte de la vida cotidiana.

Lo mismo el caso Culiacán, que la masacre de Aguililla, Michoacán; Iguala, Guerrero; el terrible episodio de la familia LeBarón; el caso de Ciudad Juárez o el reciente homicidio de cinco policías estatales en San Vicente Coatlán.

Los muertos solo forman parte de estadísticas. Muchos homicidios dolosos, la mayoría, quedan en la impunidad. México pues –y Oaxaca no es la excepción, a pesar de las cuentas oficiales alegres- se desangra en una violencia criminal inédita, sin que haya un freno para apaciguarla.

Declaraciones y más declaraciones, algunas tan sosas y banales que solo provocan risa. “Abrazos, no balazos” o “pórtense bien”. Las cúpulas empresariales que antes denunciaban el clima de inseguridad, están hoy atareadas en obtener más privilegios de la Reforma Laboral.

La falta de una estrategia de seguridad ha derivado en el reparto de culpas. Todos se echan la bolita. No asumen la responsabilidad de su ignorancia, de sus torpezas. Más de 30 mil homicidios dolosos en lo que va de esta administración federal, no es culpa de los gobiernos pasados.

Tampoco del neoliberalismo ni de la mafia del poder. Es responsabilidad de quien está al frente del gobierno. Y en Oaxaca no estamos mejor. Ni una de las entidades más seguras del país, ni el remanso de paz que fue durante mucho tiempo.

“No hay peor ciego que quien no quiere ver”, dice un refrán popular. Los responsables de las áreas de seguridad pública deben admitir que la realidad los ha rebasado. No auto-justificarse o buscar móviles imaginarios a quienes responsabilizar de su torpeza. Si no pueden renuncien. Es más ético reconocer yerros y desvíos; ignorancia o incapacidad, que seguirse manteniendo en el cargo y simular que se está cumpliendo.

Insistir en el trillado tema de que somos una de las entidades más seguras del país, es una afrenta a la ciudadanía. En esta hay otra percepción respecto a la seguridad; hay miedo; hay zozobra por el escenario que vemos a diario, aunque el ciudadano no tenga el medio para hacerlo saber.

Las benditas redes sociales han creado un boom de información en tiempo real, que ya no se puede sorprender tan fácilmente al pueblo. Lo único que puede salvarnos de esta escalada de violencia y muerte, es que los distintos órdenes de gobierno asuman su responsabilidad.

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