EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/Columna

Dice un refrán popular que la fe mueve montañas. Algo de verdad debe tener. O cómo entender el suplicio que han tenido miles y miles de peregrinos que llegaron a Oaxaca para acudir al Santuario de la Virgen de Juquila y encontrarse materialmente varados, horas o días.

Hace dos semanas, como producto del añejo conflicto agrario que mantienen Santiago Yaitepec y Santa Catarina Juquila. La semana anterior, por el bloqueo que vecinos de la agencia de Rincón Tlapacoya, montaron en el tramo carretero Oaxaca-Sola de Vega.

¿Y qué han tenido que ver esos miles de peregrinos y gente de fe que acude cada año o eventualmente a visitar a la Virgen, en problemas de orden local? Han soportado las inclemencias del tiempo, buscado atajos para salir del atolladero, con resignación, aunque con coraje, han estado en medio de conflictos que siempre tienen un desenlace: que inocentes paguen los platos que otros rompen. Víctimas silenciosas de la abulia oficial para resolverlos y, detrás de todo, el absurdo chantaje como forma de convivencia social.

La idea de los promotores de estos métodos es una: hacer daño, sin importar a quién. La imagen del estado queda por los suelos; se inhibe la afluencia de visitantes, generando con ello graves pérdidas económicas. La promoción que se hace hacia afuera, es negativa. Las expresiones de “jamás volveré a Oaxaca”, pervierte toda la grandeza que la entidad puede ofrecerle a México y al mundo y prostituye, ese imán que tiene nuestro terruño, del que comentamos la semana anterior.

De ninguna manera aplaudimos el uso de la fuerza, pero a veces es necesaria. Vale la pena reconocer que en los últimos días se han tomado acciones de Estado, que la ciudadanía ha urgido desde hace tiempo. Una de ellas, el desalojo del paraje conocido como “El Pedimento”. Otra más, el arribo de elementos de la Policía Estatal y la Guardia Nacional a la caseta de Huitzo, para desalojar a una organización que la mantenía bajo su control, para extorsionar a automovilistas y transportistas.

Dicha caseta de peaje se ha convertido en un boyante negocio, gracias a la apatía de las autoridades federales y estatales. Se dice que, por ser vía federal, compete a la Federación intervenir.

Las autoridades estatales han sido omisas también, porque bien se pueden integrar las carpetas de quienes dirigen este ilícito y consignarlas ante la Fiscalía General de la República. Por lo pronto, se espera que, a punto de iniciar la temporada vacacional, los dos órdenes de gobierno dispongan mecanismos de seguridad y evitarles problemas a turistas y viajeros.


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