EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

En 2019, Oaxaca recibió la visita del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, al menos doce veces. Es algo inédito, dado que de los últimos presidentes: Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto, si acaso recibimos dos de cada uno.

Ya hemos comentado que los principales opositores a las visitas presidenciales eran, con razón o sin ella, los mentores del llamado Cártel 22. Estos se convirtieron en una especie de cancerberos, aquellos perros mitológicos que resguardaban las puertas del infierno.

Hoy no. No hacen ni ruido cuando viene el presidente. No obstante haber logrado prácticamente todo, con la anuencia y la venia presidencial, nuestro magisterio oaxaqueño, a través de su dirigente seccional, reconoció que no dejarán de movilizarse.

Es decir, de todo lo recibido nada les satisface. Ya vimos algunos niveles durante el mes de diciembre, que hace presumir a un gremio perpetuamente insatisfecho.

Pero volvamos a las visitas presidenciales. En el mes de marzo, si mal no recuerdo, López Obrador estuvo en el Istmo. Esta visita antecedió a la famosa consulta popular. Y ratificó su compromiso con el proyecto del Tren Interoceánico. En su mensaje habló de las bondades y demás, ubicándolo como eje del desarrollo regional. Posteriormente vino a presidir la reunión
de un grupo de empresarios, quienes se comprometieron a realizar inversiones considerables para el éxito del citado proyecto. A la fecha, nada se sabe de recursos ni, mucho menos, que el proyecto referido camine, así literal –como dicen ahora los jóvenes- sobre rieles.

En cambio, se borró de un plumazo otro proyecto efímero y fantasmal: las Zonas Económicas Especiales, uno de cuyos beneficiarios era, justamente, Salina Cruz. Es decir, ni bien ha despegado uno y ya borraron del mapa al otro. Se habla de una inversión millonaria a la Refinería “Antonio Dovalí Jaime” de PEMEX y de que será una de las más beneficiadas. Pero nada se ha dicho del gasoducto Salina Cruz-Jaltipan, que fue anunciado por el ex presidente Peña Nieto.

Se habla pues de proyectos y proyectos; de anhelos y sueños, que se ven con optimismo, que a poco devienen pesimismo, cuando no se percibe de manera tangible la inversión real de la Federación. El Proyecto Transístmico ha tenido en los últimos treinta años, no menos de cinco nombres. Todos sueños guajiros. Esperamos que en este 2020 veamos claro y que dicho proyecto se haga realidad, cuando menos en el inicio. Ya basta de jugar con las esperanzas de los oaxaqueños.

No hay comentarios

Dejar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.