EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Juan Pérez Audelo

Existe en la sociedad en general, y en la oaxaqueña en particular, una cierta aversión a todo mecanismo de poder, de excesos, prepotencia y soberbia, de parte de los funcionarios públicos. Cuando vemos por calles y avenidas camionetas oscuras transitando a toda velocidad; cuando nos percatamos de vehículos en caravana, metiéndose arbitrariamente en el tráfico u ostentosas escoltas de servidores públicos, esposas, hijos o demás, en restaurantes o sitios públicos, en la conciencia del ciudadano común hay reacciones de enojo, de repudio.

Hoy en día, como lo hemos comentado en este espacio, está profundamente arraigado el fenómeno del guarurismo. Y me refiero a funcionarios. Cual más, cual menos, sin causa que justifique traer escolta y utilizar elementos que en otras circunstancias estarían brindando seguridad a la sociedad, hace gala de ello.

Siempre me he preguntado: ¿Qué cantidad de elementos policiales preventivos, auxiliares o de investigación, están mal utilizados, cuidando chamacos o cargando bolsas de mandado? ¿Y cómo merma la fuerza de tarea policial? Lo que no hay que perder de vista es que son recursos públicos, es decir, dinero del erario, con el que se paga a quienes no cumplen las funciones que tienen asignadas, sino otras, en las que a veces fungen de alcahuetes, espías de maridos celosos o pilmamas.

Lo que enerva a la sociedad son las expresiones de poder, el desfogue de bajas pasiones, la certeza de que dicho mecanismo será eterno, cuando todos sabemos que es efímero y pasajero.

Oaxaca –y eso no es un secreto- arrastra graves problemas de inseguridad. Es increíble que no obstante los recursos que se canalizan a través del Fondo de Apoyo a la Seguridad Pública (FASP), estos no sean utilizados y haya un subejercicio de los mismos. Que pese a tener serias deficiencias, no se haya instrumentado una política que atienda con celeridad el rubro de la seguridad y que sigamos con las mismas prácticas viciadas de antaño.

Por el bien de la sociedad, que ya cesen esos desplantes de soberbia y megalomanía. Necesitamos servidores públicos que sirvan a la sociedad con vocación y compromiso social, no fantoches que se placean por doquier blindados por escoltas, que hacen suponer que el tamaño de estas es equiparable a su miedo. Ya vamos a la mitad de esta administración, después de la cual solo serán personas comunes y corrientes, como ustedes o como yo. Simples ciudadanos; seres de carne y hueso sin más. ¿A qué pues tanto voyeurismo y desplantes de soberbia?


No hay comentarios

Dejar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.