EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

La semana pasada ocurrió un incidente en verdad lamentable en Torreón, Coahuila, cuando un menor de edad, armado con una pistola, ingresó al colegio, disparó contra su maestra y compañeros, para después quitarse la vida. Escenas dramáticas y muy dolorosas circularon en las redes sociales. En descargo, la dirección de la escuela subió a la red, la copia de un oficio, en donde daba a conocer la negativa de algunos padres con el operativo “Mochila segura”.

Esta situación encendió las luces de alerta no sólo en las autoridades educativas del país, sino también en los organismos de seguridad. En principio, se habla de la mala influencia de algunos programas en internet, disponibles para cualquier menor de edad y el uso intensivo del celular, que permite a los niños y jóvenes tener acceso a muchos programas con contenidos de violencia.

Figura asimismo, la difusión de series de televisión, música y estereotipos, en donde las armas son las principales protagonistas. En México han trascendido casos de jóvenes y niños que ya delinquen como verdaderos criminales. Y no porque los medios contribuyan a hacer una apología de la violencia, sino también porque la educación ha dejado importantes resquicios sin atender.

Reconozco, con modestia, que no soy especialista en el tema. Sin embargo, lo que debe resaltarse es que la prevención es el instrumento idóneo para evitar este tipo de tragedias. La difusión de mensajes de odio, como ocurre con el fanatismo religioso en algunos países, constituyen la vía para el desfogue de venganzas y violencia exacerbada. Más que culpar de todo al de atrás, hay que buscar soluciones.

Es necesario instrumentar operativos para evitar el ingreso de droga y armas a las escuelas. Pero a través de mecanismos que no se perciban como si fueran un asalto a la intimidad de los alumnos y se diga que se violentan sus derechos humanos. Pero hay que hacerlo sin dilación. Evitar que el fenómeno se repita. Se trata de una labor de corresponsabilidad en la que deben intervenir por igual: gobierno, autoridades educativas, maestros y padres de familia.

Y aquí no valen los sobados argumentos, tan comunes en el magisterio llamado democrático, opositor por sistema a cualquier medida saludable en las escuelas, que ellos asumen como su propiedad. Sólo una mente obtusa y cerrada se negará a admitir que una de las prioridades del sistema educativo, es formar mexicanos saludables física y mentalmente y no mentalidades torcidas y violentas.


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