EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/Columna

La Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, nuestra Alma Mater, vive tiempos difíciles. Miles y miles de oaxaqueños, desde que era el glorioso Instituto de Ciencias y Artes del Estado, han abrevado en sus aulas. Y lo hacen hoy en día, más de 25 mil estudiantes. Profesionistas potenciales que habrán de insertarse, el día de mañana, con mucha o poca suerte, en el mercado laboral. La UABJO sigue, como una de las alternativas académicas más socorridas para los jóvenes. La universidad pública más populosa del estado.

Sin embargo, desde los años setenta, entró en un impasse de descomposición, de deterioro, tanto académico como institucional. Se convirtió en un campo de batalla de grupos y organizaciones; de partidos políticos y facciones. En muchos sentidos, abdicó de su vocación humanista y académica para devenir rehén de clanes familiares, de caciques, de sindicatos y de golpeadores. Es decir, se extravió en un mundo de ambiciones de poderío, de permanencia y mal uso del magro presupuesto universitario.

A lo largo de esta administración, la UABJO ha enfrentado serios problemas financieros. El rector, Eduardo Bautista –los medios han dado cuenta oportuna de ello- ha tocado puertas, junto con sus pares de otras universidades, para exigir un mayor presupuesto del gobierno federal. Sus cabildeos y gestiones no han tenido el éxito esperado. En la Federación tienen la película clara. Seis sindicatos: STEUABJO, STAUO, SECUABJO, SUMA y SUA, se chupan cada año, en demandas y exigencias, aquello que, en otras circunstancias estaría destinado a la docencia y a la investigación.

En los años setenta, hubo al menos cuatro universidades que enfrentaron serios problemas de violencia. Una de ellas fue la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla –la BUAP-. Otra fue la de Sinaloa. Ambas superaron sus desafíos. La UABJO no. Sigue sumergida en un bache de agitación permanente. Como lo que hemos visto últimamente. Los vicios se han enquistado y sus promotores pretenden seguir sangrando a la institución. Por lo visto, eso ya no será posible.

El STEUABJO y el STAUO ya se alistaban para iniciar su pasarela de presiones, con amenazas de paro y emplazamiento a huelga, bajo el sobado argumento del contrato colectivo. Pero se toparon con una pared inédita. No hubo dinero ni para pagarles la quincena. La institución está desfondada. Más aún, le estarían negando el recurso federal. La pregunta es: ¿no es tiempo ya de ir pensando en una refundación de nuestra Alma Mater y que el Estado empiece a tirar el lastre de vicios, porrismo, cacicazgos, sindicatos y otros que se han ido acumulando? Es una pregunta.

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