Las librerías de viejo han podido subsistir a través de los años gracias a la aún preferencia de los lectores por leer libros físicos

Notimex

CIUDAD DE MÉXICO. Cuando uno entra a una librería de viejo, inmediatamente queda envuelto en la magia de los anaqueles con los libros perfectamente bien acomodados que la rodean, pero para ubicada en Copilco—, la concepción de este tipo de negocios es ya muy anticuada y debe evolucionar. A pesar de que su librería tiene dos años de haberse abierto, él es parte de una familia que lleva dos generaciones dedicada a la compra y venta de libros usados.

«La librería nace de la inquietud de tener un punto de reunión y de confluencia. Para estar en contacto con mis comensales, mis clientes y mis amigos. Ya tiene mucho tiempo que me dedico a esto y además está en la colonia donde crecí y he vivido toda mi vida».

Aseguró que su librería es un lugar al que le hubiera gustado asistir cuando era joven: «aquí tenemos muy claro una cosa y es que trabajamos en un lugar donde nos gusta estar. Aquí se deben sentir a gusto tanto los que trabajan como quienes asisten por la razón que sea. Es un concepto capital que tenemos aquí en la librería».

Las librerías de viejo en el siglo XXI

En entrevista, Pablo Álvarez consideró que tener una librería de viejo hoy en día significa un desafío y demasiado amor al arte. «Es algo muy complejo de realizar y haberla abierto es casi como ir a contracorriente: los hábitos de consumo de la sociedad se modifican y hoy en día entrar a una librería de viejo ya no es como antes, cuando eran puntos de reunión importantes».

Expuso que bien se podría decir que la industria musical ha perdido la batalla frente a la digitalización, pero a diferencia de los discos físicos, los libros no han perecido y los lectores siguen prefiriendo el formato impreso.

«Los libros son la memoria viva de la humanidad, la forma más elemental y más inmediata de transmitir conocimiento. Si uno va a casa de una amistad nueva o por alguna cita, es muy bonito llegar y ver los libros que tiene en lugar de ver los archivos que conserva en el ordenador».

Señaló que el proceso de adquisición de libros es difícil, debido a que principalmente se compran bibliotecas de personas que han fenecido o de gente que se muda de una casa grande a una de un tamaño pequeño. «También ponemos anuncios aquí afuera para intercambiar. Es una cuestión cíclica, afortunadamente el libro no tiene una caducidad».

El dueño de El gato literato consideró que no existe la competencia entre las librerías de este tipo, pero sí una ley de mercado donde el que tiene mayor poder adquisitivo hace uso de los beneficios. «El que haya muchas librerías lo veo como algo beneficioso, significa que existe una demanda cultural y un público lector que ambiciona la inauguración de más espacios de este tipo».

La innovación en el negocio librero

Pablo Álvarez buscó la manera de darle una visión fresca a su negocio. «Las librerías de viejo ya tienen un formato que a mi gusto es muy anticuado. Nosotros somos un espacio único en ese sentido. Lo que buscamos es que la gente quiera estar ahí, aunque tome un libro, lo lea por un rato y no lo compre. Esa dinámica que te obliga a comprar e irte, eso de ‘agarra, paga y vete’ se me hace muy poco efectivo. Que la gente haga suyo este lugar es lo que siempre hemos buscado aquí».

El gato literato no es un local que sólo se dedique a la venta de libros usados, es también un lugar de muchas actividades culturales y de venta de café. «Hacemos presentaciones de libros, conciertos, teatro de recámara, hemos hecho una escuela de periodismo para niños. Se trata de poder hacer cosas para todos. Realizar actividades así en las librerías tradicionales lo veo muy difícil. Ese formato que tienen no me encanta. Y sí, al final yo vivo de vender libros, incluso al principio regalábamos el café, pero luego nos fuimos profesionalizando en eso. Tenemos un café de una calidad remarcable y eso hace que haya gente que sólo viene por eso y nos pregunta que si los libros son de adorno. Es una librería, un foro cultural y un café».

Innovar siempre ha estado en la misión de El gato literato y ha sido establecida para romper con la tendencia librera de la capital mexicana. «Es importante cambiar el paradigma, romper el eje cultural Roma-Condesa que se dirige a un público en particular. Nosotros tenemos de todo: vienen doctores de la Facultad de Derecho, notarios, trabajadoras domésticas, meseros de los restaurantes de la zona. Aquí entra toda la gente y a todos se les proporciona el mismo servicio. No buscamos sólo al estudiante o al profesor, buscamos ser parte de la comunidad de esta zona».

A decir de Pablo Álvarez, para ser librero se necesita estar dispuesto y tener una alta capacidad de resistencia a la frustración. «Es bonito y es un trabajo ideal. No es fácil, la tendencia que yo veo es de librerías que cierran en lugar de librerías que abran. Ahora las que abren son más que nada de escritores consagrados o de hijos de personas que pertenecen al medio cultural».

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