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SYDNEY. Después de que los incendios devastaron grandes superficies en Australia desde octubre, esta semana los habitantes del sureste del país se enfrentan a las fuertes lluvias, enormes bolsas de granizo, inundaciones y tormentas de polvo.

De acuerdo con medios locales, las condiciones climatológicas han sido extremas principalmente en Canberra, Nueva Gales del Sur y Victoria.

En un inicio, cuando los pronósticos indicaban que se registrarían precipitaciones en distintos puntos que habían sido anteriormente afectados por los incendios forestales, la alegría no se hizo esperar porque esto ayudaría a sofocar el fuego.

Sin embargo, en Nueva Gales del Sur y Victoria ahora la preocupación aumenta porque las lluvias generaron inundaciones repentinas, que podrían complicarse por la escorrentía de escombros de las conflagraciones.

En tanto, en la ciudad de Melbourne y el sur de Victoria las tormentas (con fuertes vientos y lluvias) que comenzaron el pasado domingo por la tarde también causan preocupación entre los habitantes, sobre todo por la caída de granizo del tamaño de una pelota de golf.

Asimismo, hace dos días los residentes en el oeste de Nueva Gales del Sur esperaban las precipitaciones en la región, pero lo que experimentaron fue una de las peores tormentas de polvo registradas hasta la fecha.

En el lugar se presentó una ráfaga de viento de 107 kilómetros por hora en la noche, aunque después la caída del promedio de las lluvias fue por 2.2 milímetros.

En Canberra, la tormenta de granizo que se tuvo la víspera duró unos 10 minutos, pero a su paso dejó ventanas rotas en casas y automóviles, varios cables eléctricos caídos y árboles destrozados, así como dos personas heridas por un rayo.

Hace menos de dos semanas, la capital australiana sufrió varios días de cielos naranjas y el registro de la peor calidad de aire del mundo debido a los incendios forestales.

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