EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

La semana pasada se dio un hecho sin precedentes: los gobernadores de Oaxaca y Veracruz suscribieron un acuerdo para garantizar la paz y la seguridad en la zona de la Cuenca del Papaloapan. Ello se hará de manera coordinada con las Fuerzas Federales. La región de Tuxtepec se ha convertido en una de las más violentas del país. Sólo en lo que va del año se han documentado al menos 23 ejecuciones. Y las operaciones delictivas ya contaminaron la Sierra Mazateca, que asimismo ha generado un rosario de crímenes.

La antes rica y tranquila región de la Flor de Piña ha mutado en un matadero cotidiano. Hay quienes dicen que es el cementerio de los grupos criminales que operan en territorio veracruzano. Es una cuestión que no termina de convencer, habida cuenta del hallazgo en municipios de la zona, como San Felipe Jalapa de Díaz o Acatlán de Pérez Figueroa, de fosas clandestinas, arsenales y evidencias de operaciones ilícitas. Hace algunos años, para justificar la pasividad oficial, se hablaba de la “operación cucaracha”.

Se decía que, ante la persecución de las fuerzas policiales y federales a los grupos delictivos, éstos penetraban a territorio oaxaqueño. Los de Guerrero, por la región de la Costa y de Veracruz, por la Cuenca. Fuera o no cierto, es importante reconocer que, si el fenómeno de la inseguridad y el índice de criminalidad han crecido, es por la abulia de las autoridades para enfrentar dicho flagelo. Es obvio que la inseguridad no es un mal particular de Oaxaca, sino de todo el país. Cifras conservadoras estiman que en lo que va de la administración federal, se calculan más de 35 mil las muertes.

Los tuxtepecanos han vivido con miedo. Y es normal. Cientos de negocios han cerrado. Ya no soportan la extorsión y el cobro de derecho de piso. Están a merced de los grupos criminales. Ya era tiempo de que las autoridades tanto federales como estatales voltearan a ver la triste situación en la que vive la ciudadanía. El ambiente bullangero de antes se ha tornado sobrio, en donde se respira tensión y zozobra.

Esperamos pues que la tranquilidad, la paz y el Estado de Derecho retornen a esa región. Que vuelva a ser la antes tranquila zona del Papaloapan, cuya riqueza agrícola y ganadera han sido legendarias. Sabemos que no será tarea fácil. Lo importante es que ya se dio un primer paso con el despliegue de miles de efectivos militares y policiales en varias comunidades. La ciudadanía tiene derecho a vivir en paz y armonía.



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