EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

La semana pasada, el ejecutivo estatal realizó cambios en su gabinete. La idea, presumo, es fortalecer su equipo de trabajo y perfilar su propuesta de campaña: darle a los oaxaqueños un gobierno de resultados. Esperamos que así sea. Y es que en ciertos espacios de la administración estatal se observa una falta total de mística de trabajo y vocación de servicio. No faltan los funcionarios deslenguados que asumen actitudes discriminatorias o peyorativas para nuestros paisanos. Otros, están resueltos a aprovechar lo que falta, para llenar las alforjas.

Fuentes bien fidedignas nos comentan del trabajo rapaz de algunos directores, subdirectores o asesores, de ciertas áreas como la Secretaría General de Gobierno o la de Medio Ambiente, Energías y Desarrollo Sustentable que, prácticamente, extorsionan a los presidentes municipales. Les crean infiernitos o los amenazan con desestabilizar sus comunidades. El botín es la obra pública. Meter constructoras particulares, que operan prestanombres o amigos, con los que hay negocio.

Es decir, en total desapego al combate a la corrupción que, en Oaxaca, parece ser una ficción, para algunos servidores públicos encumbrados, el “Año de Hidalgo” ya empezó. Y es que hay membretes y fiscalías; Comités ciudadanos y comisiones creados para combatir dicho flagelo que, definitivamente, no funcionan. O por falta de presupuesto o por falta de ganas de sus miembros. Pese a las advertencias del titular del ejecutivo, por debajo del agua, hasta el funcionario de cuarta, quiere meterse lana.

Por ejemplo, hay datos respecto al arribo de operadores y asesores de ciertas dependencias, que le ofrecen a los ediles camiones de basura, a cambio de la obra municipal. Aunque se diga lo contrario, sigue dándose la vieja práctica de que el funcionario puede operar en dos pistas: como servidor público o como constructor. Juez y parte, pues. Y ven las cosas desde la perspectiva que les da estar en el lugar, en donde se toman las decisiones más importantes. El conflicto de intereses o el tráfico de influencias, a todo vapor.

Siempre hemos dicho que los carniceros de hoy, serán las reses de mañana. Aquella consigna que hubo en el gobierno en 2011, de llevar a todos los presuntos corruptos a prisión, muy pronto pasó al olvido. En el gobierno pasado se dio un saqueo infame. La actual administración se volcó sobre cuatro o cinco, pero se quedó corta. Hay pues una tendencia a borrar del pasado las malas cuentas. Y sigue vigente la vieja sentencia de: “Chinto tapa a Chinto y Chinto a su compañero”. Por eso en Oaxaca seguimos viajando en el furgón de cola de la modernidad.

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