Juan Pérez Audelo/ Columna

No hay duda, vivimos tiempos difíciles. Y según los expertos, tal vez vengan peor. Son tiempos inéditos que, a diferencia de cómo lo han visto algunos torpes –me refiero a cierto gobernador de un estado vecino- ya tienen efectos demoledores en los segmentos de la sociedad, más desfavorecidos. El cierre de establecimientos e incluso, la disminución de sus operaciones, están mostrando una realidad cruda. Quien vive al día está poniendo en riesgo su misma supervivencia y la de su familia.

La semana pasada un numeroso grupo de negocios dedicados a la gastronomía y venta de bebidas, lanzó una petición a los tres órdenes de gobierno. Urgen medidas económicas y fiscales para conservar los niveles de empleo y la planta de personal, con la que han operado. Son necesarios los apoyos, créditos e incentivos fiscales. Nadie, en nuestro medio, puede hacer frente a una situación como la que vivimos, sin el apoyo gubernamental. No se trata de dádivas. Sólo de medidas que contribuyan a mantener el movimiento de la economía.

Este período de contingencia no admite dudas. Quedarse en casa es el mejor mecanismo para evitar contagios. Porque además es indiscutible que –como dijimos hace unas semanas- no estamos preparados, desde el punto de vista sanitario, para hacer frente a una emergencia. Pero hay quienes a pese a las restricciones tienen que salir. Camareros, garroteros, empleados de bares, guardias y hasta trabajadoras de antros. Cientos de oaxaqueños están en una situación desesperada.

Medianas, pequeñas y micro-empresas, no se salvan –aún en estos momentos- de la presión fiscal. Pagar impuestos, ¿de dónde?, es la pregunta. Desde hace tiempo, por ejemplo, negocios instalados en el Centro Histórico, han pasado un suplicio. Ahí se han establecido centenas de comercios en la vía pública. Están, asimismo, acotados por los bloqueos y plantones. En temporadas cuando éstos se exacerban, lo mejor es cerrar. No sale ni para pagar la renta de los locales. Menos para el pago de los empleados.

Como en otros países o estados de la República, se debe disponer de una partida presupuestaria para hacer frente a la crisis sanitaria. Sin ficciones ni simulación. No sin razón hay quienes afirman que si no los mata el Covid-19, los mata el hambre. Es cierto, la contingencia habrá de agudizar la problemática económica, pero siempre debe haber un fondo de recursos, para hacer frente a situaciones como la que estamos viviendo. Lo ideal es que se le dé el uso racional y adecuado.

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