Juan Pérez Audelo/ Columna

La emergencia sanitaria ha traído consigo un lastre de problemas adicionales a la de por sí preocupante situación en Oaxaca. El cierre de cientos o miles de establecimientos dejaron sin trabajo a otros tantos miles de trabajadores que, de la noche a la mañana, se quedaron sin el gasto para llevar a casa. Hoteles, restaurantes, empresas del transporte, de servicios turísticos, tiendas de ropa, calzado, etc., sería largo enumerar a las que han bajado cortinas, cuyos propietarios y empleados, ven con angustia la prolongación de las medidas de prevención y la suspensión de labores hasta fines de mayo.

A través de notas en medios impresos, noticiarios de radio, televisión o redes sociales, ha trascendido que pequeñas y medianas empresas no podrán mantenerse vigentes y seguramente cerrarán sus negocios. Es obvio: pago de renta, salarios, insumos, impuestos, no dejarán títere con cabeza, como se dice vulgarmente. La Federación carece de un programa económico, pese a la protesta y reclamos de los grupos empresariales. En el estado, el ejecutivo dio a conocer un programa local emergente. Insuficiente para la magnitud del daño económico, pero necesario en estos momentos.

Pero hay un problema adicional que parecen soslayar las autoridades tanto federales como estatales. Y es la inseguridad que sigue lacerando con más dureza a la ciudadanía. El mes de marzo, por ejemplo, fue uno de los más sangrientos en el país. Oaxaca no se ha quedado atrás. El catálogo de homicidios dolosos ha sido en estos meses, superior al de otros. Un recuento de los crímenes cometidos en Tuxtepec, el Istmo de Tehuantepec, la costa o los Valles Centrales, en las últimas semanas, daría cuenta que los criminales han matado más que la pandemia de Covid-19.

Y no se diga de asaltos a tiendas de conveniencia, casas-habitación y otros. Es decir, la contingencia sanitaria ha sido el caldo de cultivo para las operaciones delictivas. Poco o nada se sabe de operativos policiales, de operaciones coordinadas, para otorgar seguridad a la ciudadanía que hoy se mantiene en sus casas. Con certeza hay quienes en el gobierno no están haciendo su labor. Ésa, la que tienen encomendada por mandato de ley.

Ya no sólo tenemos encima el flagelo de la enfermedad, con la psicosis de que lo que viene será peor, sino también a los grupos delictivos y bandas locales que siguen hoy tan campantes e impunes. Las corporaciones tienen que hacer algo más que cuidar los filtros sanitarios o el seguimiento de las medidas de prevención. Cumplir con su papel en la salvaguarda de la seguridad ciudadana.

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