EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

La cultura del chantaje está tan arraigada en Oaxaca, que hay grupos y dirigentes que, haciendo caso omiso de las medidas de prevención por la pandemia de Covid-19, siguen en las mismas. Es decir, parece ser que la presión hacia las autoridades siempre debe tener como ingrediente adicional, afectar a terceros. Hay quienes lo hacen presionados por la situación en que vivimos hoy. Otros, ya por sistema. Es importante separarlos. No todos son lo mismo.

Las amenazas están a la orden del día. Hace días fueron los taxistas, luego ganaderos, más tarde ejidatarios. Con razón o sin ella, hay que fregar a los demás. Según una nota periodística, el dirigente de CODEP, al frente de una decena de membretes, afirmó que una vez que pase la emergencia sanitaria, volverán a movilizarse para exigir al gobierno el cumplimiento de sus demandas. La duda es: ¿a cuáles demandas se refiere? ¿De quién o quiénes?

Si bien es cierto que el gobierno de la llamada Cuarta Transformación ha sido depositario de muchas críticas, hay un mérito que no podemos soslayar: la entrega de recursos directamente a los beneficiarios. No más intermediarios; no más falsos redentores sociales, que son los que al final del día, se quedan con la mayor parte de aquello que los diversos órdenes de gobierno, destinan a grupos necesitados, comunidades o ciudadanos en condiciones de pobreza.

En la entidad existen, creo yo, más de 350 organizaciones sociales. Y cada día aparecen más. Y la mayoría, si no es que todas, quieren vivir del erario. Dirigentes que tienen constructoras y detrás de su famosa lucha social, esconden el interés por la obra pública en las comunidades, cuyos intereses dicen representar. No son pocas las organizaciones, cuyos franquicitarios, mantienen una relación de complicidad con las autoridades estatales.

La cultura del chantaje es la más rentable en Oaxaca. He ahí el por qué hay membretes por doquier. Y la gran mayoría busca en el chantaje ablandar a las autoridades. Pero ¿cuál es el motor de que, en plena emergencia sanitaria, las haya que sin importar la salud ni de sus miembros ni de la ciudadanía afectada, sigan aplicando el manido método del bloqueo o la amenaza? Es el dinero, no más.

Estoy convencido de que una vez pasada la emergencia nada será igual. Los especialistas afirman que ni el mundo, ni México y suponemos que Oaxaca, serán lo mismo. Pobreza, inseguridad, desempleo y muchos otros fantasmas nos acechan. Es simple, aquí ya no caben los que han hecho del chantaje y la extorsión su modus vivendi. Esos vividores deben dedicarse a otra cosa.

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