EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

Volver a la “nueva normalidad”, en efecto, es una aspiración. Todos queremos volver a reencontrar el camino de esa normalidad. Miles de trabajadores que quedaron desempleados, comerciantes o empleados, quienes de pronto vieron mermados o en cero sus ingresos. Maestros y alumnos; adultos, jóvenes y niños, quieren volver a reencontrase con sus amigos y compañeros. Cerca de cinco mil personas en Oaxaca han perdido su empleo. Les urge volver a la actividad, para generar el gasto que hay que llevar a casa.

No es pues algo inusual o irracional tratar de retornar a la labor cotidiana. Como alguien dijo que no todos vamos en el mismo barco, aunque sí, capoteamos la misma tormenta. Hay afortunados que pueden guardar la cuarentena en casa, leyendo, haciendo ejercicio, viendo la televisión o trabajando en la llamada home office, pero hay otros que, lamentablemente, no pueden quedarse. Médicos, enfermeras, quienes distribuyen agua, gas, mercancías, los empleados de limpia y otros. Pero también aquellos que van al día. Si no trabajan no comen.

Existe pues una dualidad preocupante que, presumo, también lo es para las autoridades. Por los argumentos anteriores, hay quienes no han guardado la cuarentena. Oaxaca ha tenido una movilidad permanente. Días en que parece que estamos como de vacaciones. Regiones como en Los Mixes o el Istmo, en que ciertos festejos religiosos han seguido como si nada. Bandas de música, bailongos, carreras de caballos, etcétera.

En una de las clásicas mañaneras del presidente de México, la semana pasada, el gobernador admitió que Oaxaca podría volver a la “nueva normalidad”, pues había ese día, 203 municipios libres de contagio. Pero de ahí para hoy, la situación es más compleja. El domingo dio un mensaje. No hay condiciones. La mayoría de los municipios denominados políticamente “de la esperanza”, decidieron seguir con las medidas de prevención.

Y no les hace falta razón. Los contagios y decesos han crecido de manera preocupante en los últimos días. Han afectado al personal de salud y algunos hospitales se han declarado ya imposibilitados para recibir más pacientes. En una opinión generalizada, aún no salimos de la emergencia de la tercera etapa. Vienen tiempos difíciles. Estamos conscientes que nada será igual. A la salud seguirá lo económico. Lo han dicho las autoridades sanitarias; lo han probado los expertos. La única alternativa para salvarnos es quedarse en casa. Los más que puedan. Esto no es un juego. No es una invención de los regímenes neoliberales como torpemente se dijo al principio. Es una realidad cruda y mortal.

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