EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

Aprovechando la contingencia sanitaria, en el Congreso del Estado se prepara, con singular enjundia, una nueva Ley de Acceso a la Información Pública, Transparencia, Protección de Datos Personales y Buen Gobierno, con la que se pretende sustituir la vigente y al llamado órgano garante: el Instituto de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales. Trascendió que 14 representantes populares del partido Morena, suscriben la iniciativa.

Aunque estamos ciertos de la ignorancia que priva en nuestro poder legislativo en torno a este tema, hagamos un poco de historia para refrescarles la memoria a quienes tienen alguna idea, o darles el ABC, a aquellos que de plano están tapados. El primer intento de darle cuerpo a lo que sería después la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública y posteriormente, al órgano garante, el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), ahora conocido como INAI, nació aquí.

Un grupo de académicos, investigadores, editores y periodistas, se dieron cita y formaron el llamado “Grupo Oaxaca” en 2001. Una de sus tareas fue cabildear con las diversas fuerzas políticas representadas en el Congreso federal. En 2002, siendo presidente Vicente Fox se promulgó la citada ley. No obstante haber sido Oaxaca en donde germinó la semilla de la transparencia y la rendición de cuentas, fue uno de los últimos estados en crear su órgano garante.

En los trabajos del Grupo Oaxaca hubo un factor, al que se le consideró irrenunciable: La ley y el origen de los órganos garantes eran una conquista ciudadana. Un logro de la sociedad civil. Ni del gobierno ni de los partidos. Pero en Oaxaca, en 2007, cuando se creó el Instituto Estatal de Acceso a la Información, éste nació ya contaminado. Se creó como pago a favores políticos. Y la mala racha siguió hasta la actualidad.

Sin duda, tal como se pinta en la iniciativa, Morena pretende convertirlo en un ente burocrático, con leales y serviles a su partido al frente. Es decir, darle la estocada final para que dicho órgano, que en sus propósitos fue ser un órgano ciudadano, hacerlo apéndice partidista, para darle chamba a los cuates e incondicionales; para pagar favores o convertirlo en plataforma del futurismo político. Ojalá que los organismos de la sociedad civil, no permitan una nueva infamia.

Si en la Ley Estatal de Educación tuvo que dar marcha atrás, ante la presión del magisterio, no hay que permitir este nuevo madruguete, ese vicio vulgar que en sus años de predominio fue convertido en ariete político del PRI, pero que, en los últimos tiempos, los transformadores y progresistas, han hecho del mismo, su arma y un auto de fe.

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