Juan Pérez Audelo/ Columna

Desde la semana pasada, las autoridades sanitarias federales pusieron a Oaxaca, como a casi todo el país, en semáforo rojo. Es decir, en el nivel más alto de contagios y decesos por Covid-19. Desde el pasado lunes, a nivel nacional, muy poco nos falta para alcanzar los 10 mil decesos y en Oaxaca estamos por arriba de las 150 muertes, además, con poco más de 1 mil 400 contagios. Obviamente, ante este panorama, ni siquiera pensar en volver a la llamada “nueva normalidad”.

Los alumnos de educación básica, se sujetarán a un nuevo calendario. No hay condiciones para volver a las clases presenciales. Estamos pues en un nivel de grave riesgo. Se han dado casos ya de personas que fallecen en la calle. Es algo muy triste. Ni siquiera alcanzan a llegar al hospital, con la esperanza de salvar su vida. De los más de doscientos trece municipios que fueron calificados como “de la esperanza”, porque habían estado libres de contagios, ya cerca de la mitad han perdido dicho calificativo.

El nuevo coronavirus, Covid-19 o SARS-CoV2, como se le ha llamado, es una pandemia, similar a otras enfermedades o pestes que, en su momento diezmaron al mundo. Por ejemplo, la influenza española, que entre 1918 y 1920, en el siglo pasado, según las crónicas de esa época, provocó la muerte de al menos 300 mil mexicanos y varios millones en el mundo. Devastó Europa más que la Primera Guerra Mundial.

En los Siglos XIX y XX, Oaxaca fue también víctima de otras epidemias, como el cólera morbus o el tifus. En el pasado, en otros países, la peste bubónica y la peste negra hicieron estragos. Nuestro estado resintió también en su historia dos males: el matlazáhuatl y el cocoliztli, que golpearon con dureza a las comunidades indígenas. La mayoría de las pestes, pandemias y epidemias, han sido provocadas por virus que producen los animales, dicen los especialistas.

La pregunta es: ¿de dónde han sacado algunos ignorantes que afirman que el Covid-19 no existe? Hoy, cualquier persona, joven o adulto que tenga acceso a internet, puede buscar información sobre lo que han sido para la humanidad esos males que se diluyen por el mundo, sin vacuna, sin cura. Lejos de informarse, sujetos sin escrúpulos han aprovechado las redes sociales para difundir información falsa o llamar a la gente a evitar que se fumiguen las calles, “porque las autoridades van a diseminar el virus”.

Dicha conducta no sólo es irresponsable sino torpe e inmoral. Poco, muy poco ayuda para que pronto la nueva normalidad vuelva a nuestras calles y casas, sobre todo, para que salgamos adelante y con vida. Para quienes difundan información falsa y tendenciosa, debe haber castigos ejemplares, más en estos momentos de emergencia sanitaria.

No hay comentarios

Dejar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.