EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

Aunque quisiéramos ser optimistas, es imposible. En lo que respecta a la pandemia Covid-19, la realidad, triste y preocupante, ha superado cualquier expectativa. Resulta que previsto para el 8 de mayo, después para el 12 y finalmente para principios de junio, el mal no cede. Estamos hoy mismo en una de las etapas de mayor contagio y muerte. Lo grave es que no se ve la luz al final del túnel.

Las preguntas que a menudo nos hacemos como ciudadanos son: la estrategia para enfrentar el mal, ¿no fue la correcta? ¿Las autoridades se cerraron a escuchar la opinión de otros especialistas y expertos, en favor de una sola voz –la del doctor López-Gatell- cuyas contradicciones y yerros, nos han llevado a este callejón sin salida? ¿Por qué hoy en día México es uno de los países de mayor letalidad en el mundo y no tiene para cuándo contener este mal?

En Oaxaca, desde el fin de semana pasado, rebasamos los 450 decesos. Cada día hay novedades respecto a más comunidades con casos positivos de contagio. Ya son parte del anecdotario los municipios llamados con eufemismo “de la esperanza”. Si quedan algunos, serán muy pocos. Para algunos especialistas lo peor no ha llegado aún. Hay preocupación por el personal sanitario, médicos, enfermeras y empleados administrativos que se han contagiado e, incluso, fallecido.

Sin embargo, pese a la realidad cruda y lacerante; al dolor e impotencia familiar para poder coadyuvar al alivio o la pérdida de sus seres queridos, se han dado casos ominosos de abandono de enfermos o fallecimientos en plena vía pública. Más aún, teniendo como telón de fondo este panorama dantesco, hay aún mentes obtusas dedicadas a esparcir rumores, así como a manejar en sus círculos sociales y familiares, a través de redes sociales, para evitar que las autoridades fumiguen, con el absurdo argumento de que van a esparcir el virus.

Pero hay otros especímenes ciertamente más perniciosos: los ignorantes. Los que dicen y repiten como loros que el mal no existe. Que es una invención del gobierno. Que ellos son inmunes a dicha enfermedad y que pueden transitar por calles y avenidas sin cubre-bocas y sin respetar la sana distancia. La indolencia aderezada con la cerrazón, hacen un cóctel letal.

Nada tan complejo en nuestro medio que revertir la ignorancia, la torpeza y la negligencia, pese a los estragos evidentes que ha generado la pandemia. Veremos si dicen lo mismo cuando se vean a sí mismos inmersos en la crisis económica que vaticinan los especialistas después de la emergencia sanitaria. Ojalá que, entonces sí, como se dice vulgarmente, les caiga el veinte.

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