EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

Estoy convencido de que los siniestros y la tragedia se han ensañado con los oaxaqueños y su gobierno. Y no es un artificio. Ni tampoco hacer apología de nuestro mal fario, porque al final del día los afectados somos todos. Simplemente que los proyectos del ejecutivo estatal, las obras, los propósitos del Plan Estatal de Desarrollo, no han podido llevarse a cabo del todo, por un factor que está fuera de poder humano, contener o evitar.

El pasado martes 23 de junio, una nueva tragedia se abatió sobre territorio oaxaqueño. Un sismo de 7.4 grados, con epicentro a unos kilómetros de La Crucesita, Huatulco, vino a sumarse a la crisis sanitaria que nos ha fustigado. El crecimiento de contagios y decesos por la pandemia de Covid-19, nos ha mantenido como ciudadanos y al gobierno estatal como salvaguarda, en emergencia, capoteando la letalidad de dicho mal, en un estado de confinamiento relativo y una crisis económica que ya muestra sus estragos.

Y nos hizo recordar ese 2017, un año complejo y lleno de desafíos. Primero fue la sequía en los meses de marzo y abril. Recordamos que hasta la presa “Benito Juárez” de Jalapa del Marqués, nos permitió ver la cúpula del viejo templo católico que quedó oculto cuando las aguas inundaron el vaso de la presa. Centenas de cabezas de ganado sucumbieron de sed. Luego vinieron las tormentas y ciclones. Es más, hasta el puente de Tequisistlán, en la carretera 190, colapsó. Pero hubo muchos tramos carreteros afectados.

Se contabilizaron al menos 200 tramos de la red estatal afectados. Millones y millones de pesos se canalizaron para restituir las comunicaciones. Lo peor estaba por venir. Un sismo de 8.1 grados, uno de los más fuertes y letales de que se tenga memoria, a principios de septiembre, seguido por dos más: del 19 y del 23 de septiembre de ese año, devastaron Juchitán de Zaragoza y decenas de comunidades istmeñas. Hubo miles de damnificados. 

En este año, justo cuando se advertía la puesta en marcha de proyectos y obras, se vino encima la emergencia sanitaria que, no es un secreto, tampoco nos ha dado tregua. Las tareas gubernamentales han estado encaminadas a evitar que se pierdan más vidas. Entre habilitación y reconversión de hospitales y la búsqueda de alternativas para paliar la crisis económica que está en puerta, una nueva tragedia se abatió sobre territorio oaxaqueño.

Comunidades de la Sierra Sur, los Ozolotepec y centenas de comunidades resultaron afectadas, además de una decena de muertes que hay que lamentar. Esperamos que vengan buenos y mejores tiempos; que esta mala racha sea pasajera y que una vez más, salgamos adelante y unidos.

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