EL COMENTARIO DE HOY

Juan Pérez Audelo/ Columna

Está firme en la conciencia colectiva de los oaxaqueños que la pandemia no nos ha dado tregua. Estamos ciertos de que hemos tenido una estadística ascendente de contagios y decesos; que el personal médico es uno de los más afectados y que la semana pasada se dieron casos graves en el Hospital General “Macedonio Benítez Fuentes” de Juchitán; el Comunitario de Asunción Nochixtlán e incluso, trabajadores del Laboratorio Estatal de Salud Pública, dieron positivo a Covid-19.

Aunque ello contravenga a muchos, Oaxaca retornó de semáforo naranja a rojo. Hay que recordar que el gobierno federal dejó la responsabilidad a los gobiernos estatales, como una forma pueril de lavarse las manos en su errático manejo de la pandemia. No obstante, los insistentes llamados de expertos, de directivos de la Organización Mundial de la Salud y otros, seguimos escuchando el trillado discurso de que “vamos bien” o de que “esto pasará pronto”. La realidad supera a la ficción. Sin pesimismo, las cosas empeoran cada día.

Las protestas de algunos sectores se han exacerbado. Prestadores de servicios turísticos, por ejemplo, o quienes laboran en ferias y fiestas patronales. Hay desesperación porque no tienen trabajo. La economía les ha golpeado como a otros sectores más. Pero los ha habido también, que han mostrado toda su bajeza en el chantaje y los bloqueos, como son esos sindicatos delincuenciales del transporte, siempre caminando al filo de la ley. Los grupos criminales, también han dejado su legado de sangre.

Pero hay un factor que es prudente mencionar. En sentido contrario a los constantes llamados del ejecutivo estatal a no bajar la guardia y mantenerse, de ser posible en casa, para contener los contagios, en la misma estructura estatal se estaría obligando a los trabajadores de confianza, aunque hayan dado síntomas del mal, a presentarse a trabajar. Hay casos documentados sobre ello.

Hasta fines de junio pasado, al menos cuatro miembros del gabinete legal habían dado positivo a Covid-19. Desconozco cuántos mandos medios han tenido una suerte similar. El domingo pasado el ejecutivo estatal hizo un llamado a un confinamiento voluntario en dos regiones, que han sido eje de la pandemia: el Istmo y la Cuenca. Con tantos casos y muertes, ahí debe privilegiarse la prudencia, la sensatez y la solidaridad. El coronavirus –ya lo hemos dicho- no es un juego.

En medio de la desesperación que esta situación ha provocado, existe el convencimiento de que luego de la tormenta viene la calma. Y ello sólo se logrará si existe entre nosotros la unidad y la corresponsabilidad. Hagamos votos porque así sea: Sin egoísmos ni fatalismos, saldremos adelante.

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