Rocío Flores

OAXACA, Oax. Cecilia Salcedo “es capaz de encontrar en la nada, la plenitud de la belleza”, opinan sobre el trabajo de la fotógrafa radicada en la ciudad de Oaxaca desde hace 20 años.

Durante tres años, Cecilia recolectó vainas, y de manera natural comenzó a llamarle “huajes” a la serie de imágenes que reunió, como un homenaje simbólico a esta ciudad, testigo de su mirada.

La fotógrafa originaria de Guadalajara, Jalisco integró estas piezas y otras de semillas y flores en un proyecto más amplio que denominó Ver con el alma, escribir con la mirada.

Desde una perspectiva estética, la artista observa e intenta recuperar aquellos instantes de armonía propios de la naturaleza; proyecta su preocupación por el deterioro actual, el impacto en su biodiversidad y en la sociedad misma.

“Cecilia Salcedo devela en las semillas la belleza de su conformación, pero también las convierte en memoria para hacernos abrir más los ojos ante el mundo, para recordarnos de dónde venimos…”, comenta la escultora Anja Aguilera.

Las imágenes de la fotógrafa tapatía develan también la mirada sensible, “son un lenguaje por sí mismas”, agrega.

El proyecto Ver con el alma, escribir con la mirada, será exhibido en dos momentos, con un doble propósito: celebrar los 36 años de trayectoria de Cecilia Salcedo como fotógrafa y homenajear a la ciudad de Oaxaca con imágenes de la semilla por la que lleva su nombre, el huaje.

El sábado 17 a las 12 horas, será inaugurado Huajes en Oaxaca en el pabellón del Centro Cultural San Pablo.

En esta muestra, serán exhibidas también piezas del taller de escultura en cerámica de la maestra Magdalena Piedra, quien se encuentra en la ciudad de Guadalajara. Las esculturas son una interpretación realizada por los integrantes del taller a partir de las fotografías de Cecilia.

Otra parte de la muestra: Semillas y flores, será inaugurada el viernes 23 de junio a las 19 horas en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo (CFMAB).

La exposición también presenta una serie de impresiones realizadas en Cibachrome, un proceso que ocupó un lugar sobresaliente en la fotografía analógica como el único medio para producir impresiones fotográficas directamente a partir de transparencias a color (diapositivas), en vez de negativos.

La fotógrafa recupera este arte, quizá perdido ante el atractivo de la velocidad y las facilidades de la era digital, y con éste destaca las formas orgánicas de lo que su mirada captura.

 

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