Patricia Briseño

TEOTITLÁN DEL VALLE, Oax. Las velas de cera tienen un significado espiritual para la cultura zapoteca asentada en este valle, ya que para sus pobladores, desde tiempos de la conquista, la luz de éstas representa el camino de la vida, pues una vez que se apaga ocurre lo mismo con la existencia.

Cada vela tiene un valor especial, y es colocada en un lugar en el altar dedicado al santo patrono y en la ofrenda a las ánimas.

“Cuando una pareja se une, durante un ritual habrán de encenderlas para iluminar la nueva etapa de vida; en  el nacimiento, el bebé la recibe como símbolo de luz y guía en la ruta de la vida; al morir, el difunto tendrá la suya para iluminar su transición”, comenta José Hernández, originario de esta localidad de vocación artesanal.

En Teotitlán, localidad de profundas raíces indígenas, las velas acompañan a las personas en todos los ciclos de la vida, sin faltar, los días festivos como son las mayordomías o “la fiesta grande” del pueblo.

Aquí sus habitantes conservan la tradición de la ceremonia de “la pedida de mano”. Un ritual zapoteco, donde la familia del novio va a casa de la familia de la novia para pedir permiso de casarse con ella. En esta ceremonia, la familia del novio debe llevar fruta, flores, pan y velas adornadas”, agrega.

“Incluso, se dice que entre más adornos lleve el cirio, mayor la veneración y amor”, menciona el artesano dedicado a elaborar velas de cera y parafina policromada, modelada y escamada.

“Somos ocho familias las que hacemos este trabajo en el pueblo”, comenta.

El arte de la cerería, es una actividad que le viene de herencia.  Como  muchas en Oaxaca, es una tradición familiar; a José le fue transmitido por su mamá, Viviana Alavez Hipólito.

La inventiva e imaginación de Doña Viviana hicieron posible enriquecer las velas  de uso ritual en la tradición local de Teotitlán; al paso de los años, con la participación de sus hijos, adquirieron un valor ornamental.

El proceso de la elaboración de velas y cirios es delicado y lento. José coloca la cera en un cazo sobre un fogón para que se conserve líquida, de ahí la toma para trabajar.

Tiras de hilos cuelgan de unos aros, son los pábilos o mechas que poco a poco ensancharán por las capas de la cera. Literal, la hebra recibirá varios “baños” de cera liquida. El grueso de la pieza depende de la celebración: las de boda son anchas, y alcanza unos dos metros de altura. El altar de muertos llevará velas sin adornos, apenas un listón de papel metálico enrollado en la parte media.

Los adornos también son elaborados con cera, con práctica y maestría se  moldean con los dedos, luego pasa las figuras diminutas por agua fría para que solidifique. Los ancestros de José usaron moldes, que les llamaron conchas, pero él ha optado darle rienda suelta su creatividad e inventiva.

El color de la cera es el amarillo, le llama “virgen” o “cruda”. Es el tono que piden para las “pedidas” de mano, entrega simbólica de la “dote”, y las mayordomías, según la costumbre.

Petra, esposa de José, apoya en la elaboración de las flores y pájaros  diminutos que pinta con tintes naturales. Por lo general, las velas mantienen el color natural, entre amarillo y café, de la cera de abeja.

 

De los adornos que portan las velas, Petra comenta que  “los aves están relacionados con la paz y la armonía; el  colibrí no puede faltar, pues fue la primera ave celeste adorada por nuestros antepasados.”

“Una vela adornada lleva casi un mes de elaboración, por lo que no es un trabajo ni simple ni sencillo”.

La familia de artesanos trabaja en el patio de su casa, habilitado como taller. En este espacio abierto albergan herramientas rudimentarias y utensilios domésticos.  Las manos portentosas de José lo ha llevado a crear piezas únicas. Le gusta hacer sinergia con diseñadores, artistas plásticos y artesanos nacionales y extranjeros. También hizo una nueva paleta de colores para la cera, nuevos tamaños y formas para las velas.

“Una  vela se puede o no prender, lo importante es el significado que tiene es la luz, la paz, la armonía para todos”, concluye.

 Labrada de cera en el Istmo

Las tradiciones religiosas del Istmo de Tehuantepec se caracterizan por su festividad, color,  ayuda mutua (Guendalizaá)  y vistosidad.

Después de semana santa, en el mes de mayo es cuando inician las fiestas en el Istmo, llamadas “Velas”

Una de las tradiciones más arraigadas es la ‘labrada de cera’, que consiste en una ceremonia comunitaria para elaborar las velas que habrán de ofrendarse al santo patrono, ceremonia se anuncia desde la madrugada con música de flauta y tambor prehispánico.

Posteriormente se ofrece se realiza la bendición del aro, donde serán colocadas los pabilos o mechas donde habrán de labrarse las velas de cera.

Al término de la ceremonia, casi siempre después del mediodía, se efectúa una comida a cargo de los mayordomos y un baile popular para celebrar el acontecimiento.

 

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