Rocío Flores/Foto: Jorge Luis Plata

SAN MATEO DEL MAR. En esta población ikoots, las torrenciales lluvias de hace una semana han acrecentado la crisis que dejó el terremoto del 7 de septiembre; muchas familias aún duermen en las calles con miedo de que vuelva a temblar y, ahora, se suma el temor por el desbordamiento de la laguna Kirio.

Hace casi un mes, la misma laguna fue la salvación de Verónica Platas Figueroa y 10 integrantes de su familia; sin embargo, hoy es una amenaza para toda la población.

— Los niños, mi esposo, mi nuera, el bebé, mis hijos… toda la familia nos quedamos ahí después del terremoto. Cuando se abrió la tierra, yo me fui para abajo, pero mi esposo me arrastró, me jaló y me subió a la lancha. Toda esa noche nos quedamos en la laguna y al día siguiente, también; en 24 horas no comimos nada. Ahí sentimos las réplicas.

Verónica recuerda que esa noche llegó de ver a su mamá, que está enferma, se sentó a platicar con su pareja y fue en ese momento cuando comenzó a temblar.

—Mi esposo empezó a sacar a toda la familia que estaba adentro; yo estaba ahí (señala el patio), cuando se abrió. Mi nuera no podía abrir la puerta: entré, la jalé y la saqué con su bebé. Los niños estaban dormidos.

Corrimos hacia atrás y, en ese momento, todo se empezó a caer: la barda, las láminas, la casa… Estuvimos todo el día bajo el sol; seguía temblando. La gente se fue a Salina Cruz, a Huazantlán, pero nosotros no podíamos salir, seguíamos ahí.

Desde esa fecha la gente en San Mateo del Mar no ha vuelto a pescar; la actividad económica quedó suspendida.

La comunidad vive uno de sus peores momentos a raíz de los fenómenos naturales, que no dan tregua. Primero, el sismo; luego, las más de 5 mil réplicas, un censo del que ahora no saben nada y, ahora, las lluvias. Hoy, la tormenta tropical Ramón es la amenaza latente, pues el agua sigue saliendo de su sitio.

Ahora se observan casas en medio de la laguna, en las calles, las mujeres, niñas y niños caminan entre el agua, el apoyo oficial llega tarde; es insuficiente. El agua cala hondo, hasta lo más íntimo de un hogar, mientras que en la superficie flota lo que les quedó del terremoto: unas cuántas prendas, platos… El miedo persiste; la población parece desesperarse.

Verónica tiene el rostro desencajado…

—Una ya no sabe qué hacer. Seguimos viviendo en la calle…

No hay comentarios

Dejar respuesta