Limoneros pervierten precios

El 60% de las 40 mil hectáreas dedicadas al cultivo del cítrico sufrió afectaciones por la inseguridad que generó el crimen organizado y por las lluvias que azotaron la región el año pasado. Ahora los productores están contrayendo la oferta para propiciar precios altos

El Universal

México, D.F.-  Es viernes en el tianguis limonero de Apatzingán: un enorme estacionamiento donde se reúnen productores y empacadores para determinar los precios y cortes.

Usualmente se dan cita lunes, miércoles y viernes, que coincide con el corte de fruta en las huertas, pero ahora que comienza a declinar la producción, sólo se cosecha dos veces por semana: martes y jueves, mismos días en que hay actividad en el tianguis. Al trabajar una jornada menos, no se satura el mercado, y los precios permanecen altos: 22 pesos por kilo. Pero en la ciudad de México, después de varios intermediarios, el limón está costando entre 50 y 80 pesos el kilo.

La inseguridad y el conflicto armado en el valle de Apatzingán, que se recrudecieron a finales de 2013 e inicios de 2014, afectaron la producción de limón mexicano en la región, lo que contribuyó al alza de precio en el mercado nacional.

Este viernes el estacionamiento está vacío, de no ser por una decena de autodefensas armados que descansan a la sombra de los árboles, y un puñado de productores que almuerzan en un establecimiento al centro del tianguis. Pero el día anterior el lugar fue escenario de una manifestación impensable unos meses atrás: los cortadores de limón exigieron que se tase un pago fijo por caja de fruta cosechada. Además, acusan, que trabajar sólo dos días sin prestaciones ha impactado aún más su economía. Muchos de ellos se sumaron a las autodefensas y expulsaron a Los Caballeros Templarios, por eso exigen que ahora les ayuden en su lucha por mejores condiciones de vida.

Este viernes de calma, un hombre delgado, moreno y afable almuerza en una de las mesas. EsLeandro Alcántara, presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán. Al preguntarle directamente, atribuye el alto precio a dos cosas: el agua y el fuego.

El líder de los limoneros cuenta que el huracán Manuel, que asoló la costa del Pacífico en septiembre de 2013, mermó la producción.

Si bien el Valle de Apatzingán —que comprende los municipios de Apatzingán, Buenavista, Aguililla, entre otros— no tiene mar, el huracán sí tuvo repercusiones, ya que el aumento de lluvias tira la flor de los árboles. Esas flores blancas que el agua arrancó ya no se convertirán en frutos.

Alcántara calcula que fue afectado 60% de las 40 mil hectáreas dedicadas al limón en el Valle. Cada hectárea corresponde a 10 mil metros cuadrados, en los que, para dar una idea de su dimensión, caben aproximadamente dos canchas de futbol profesional.

El segundo factor que afectó a los limoneros fue que dejaron de atender sus tierras por la inseguridad.

“Estaríamos teniendo 40% de producción: las personas que atendieron sus huertos, los que pudieron atenderla”, enfatiza el líder, quien agrega: “con el fenómeno que se vino había la incertidumbre del problema que había con esa gente que estaba apoderada de todo Michoacán”. Leandro Alcántara se refiere a Los Caballeros Templarios.

—Pero entonces, ¿la inseguridad sí afectó? —se le pregunta.

—Sí afectó bastante, porque muchísimos productores nos cuidábamos a que no pasara nada. No salíamos a nuestros ranchos o no salimos del estado.

Para finales de 2013 e inicios de 2014 fueron abandonadas mil 500 hectáreas de huertas. Esto afectó directamente a unos 400 productores y 5 mil cortadores de limón.

El año pasado fue diferente, aclara Leandro. Aunque en 2013 “había un poquito de inseguridad, no había línea divisoria”. Es decir, había municipios aislados, como Tepalcatepec o Buenavista, pero no afectó a toda la región en su conjunto. “En 2013 salió la fruta al 100% y los precios (de venta por kilo) se mantuvieron estables. Le hablaría estables de seis, siete pesos, no que ahora 20 pesos”.

De ello hablan las cifras oficiales. Desde sus oficinas en Morelia, el secretario de Desarrollo Rural de la entidad, Ramón Cano, enfatiza: “La producción ahí está, entre 425 mil y 450 mil toneladas cada año”. Y sin interrupciones el año pasado.

Michoacán actualmente es “el único estado que está abasteciendo de limón al país e inclusive exportando unas dos mil toneladas al mes”.

El funcionario desmenuza las cifras: hay 42 mil hectáreas sembradas con limón en siete municipios de Michoacán, la mayoría en la zona de Tierra Caliente. De ellos, el de Buenavista es el principal: 16 mil hectáreas; le sigue Apatzingán, con 14 mil y, con menor importancia, Parácuaro, Múgica, Aguililla, La Huacana y Tepalcatepec.

Las cifras del servidor público sonríen, pero en el municipio de Buenavista la percepción es otra.

La fiebre por el cítrico

Buenavista queda a unos 50 minutos de Apatzingán y es el municipio número uno en producción de limón a nivel estatal. La fiebre por el cítrico comenzó hace unos 40 años. Antes, recuerdan los pobladores, se sembraba principalmente algodón. Luego, la falta de incentivos económicos hizo que se optara por cultivar fibra para escoba.

Pero cuando el mercado nacional se inundó de sintéticos, esta región árida y de temperaturas que alcanzan los 50 grados centígrados, miró hacia el limón y otros cítricos dulces como la toronja.

Aquí, los problemas productivos se suscitaron de la mano con el levantamiento de las autodefensas, el 24 de febrero de 2013. Como represalia, miembros del crimen organizado sitiaron la región.

El 13 de marzo, el crimen organizado quemó una empacadora de limón y dos tráileres en la comunidad de Santa Ana Amatlán, a 20 minutos de la cabecera de Buenavista. Para abril, todas las empacadoras de la región alzada habían cerrado.

Un mes después, en mayo, algunos diarios señalaban que los municipios de Buenavista y Tepalcatepec habían dejado de cosechar más de 130 mil toneladas de cítrico debido a la imposibilidad de mover el producto.

Durante meses fue cortado el suministro de combustibles y alimentos, recuerdan los habitantes; nadie podía circular rumbo a Apatzingán sin riesgo de ser secuestrado o desaparecido. Productos como el limón, la papaya y los lácteos no podían enviarse. Si alguien tenía una emergencia médica o de otra índole se escabullía a través de caminos secundarios rumbo a Jalisco.

A las pérdidas económicas y de producto del inicio del levantamiento se sumó el abandono de tierras.

Ramón Contreras, jefe de la Tenencia de La Ruana, calcula que de las mil 500 hectáreas abandonadas en la región, unas 700 corresponden al municipio de Buenavista; y estuvieron así prácticamente todo el año pasado. Algunas de estas huertas podrán recuperarse en esta cosecha, precisamente debido al alza de precios. Otras, por el contrario, han sufrido deterioros irreversibles en los árboles. Se deben tumbar y plantar de nuevo. No hay datos sobre las hectáreas que sufren este grado de afectación. El proceso de recuperación de estas zonas llevará aproximadamente dos años, en los que el dueño deberá invertir en plantar, regar, fumigar y abonar, sin ver un peso de recuperación.

Pero el dragón amarillo, ese bichito color crema que destruyó las cosechas de limón en Colima, y el huracán Manuel que mermó la producción de Oaxaca, de alguna manera salvó la Tierra Caliente. Al ser el único estado que provee limón mexicano, los productores pueden acordar un precio un poco más alto.

El jefe de la Tenencia de La Ruana calcula que los productores de limón afectados el año pasado podrán reponerse en 2014. Pero la moneda está en el aire.

La oferta y la demanda

Es lunes en el tianguis limonero de Apatzingán. Los cortadores siguen presionando, y a nivel federal se baraja la posibilidad de importar limón para saciar la necesidad de las gargantas mexicanas. Entre ambos conflictos, productores y empacadores acuerdan cortar de nuevo tres veces por semana. Inmediatamente el precio baja a 20 pesos el kilo. Algunos empresarios están molestos. Uno de ellos exclama: “Pero claro, no hemos ni empezado a cortar tres veces por semana y ya se desplomó el precio”.

Pero la vendimia sigue. Rebasa el mediodía y siguen llegando productores con sus camionetas Pick-up, en cuyas cajas resplandecen, verdes bajo el sol, los frutos. Limón mexicano, sobre todo. Pero también persa, sin semilla.

El líder limonero cuenta que, a pesar de los problemas de producción, la crisis entre cortadores y empresarios registra un balance positivo, porque ahora tienen libertad.

La inseguridad ya terminó. “Le diré: de dos meses hacia atrás la gente se siente más segura, protegida, con libertad, con ganas de hablar, de opinar, lo que antes teníamos ese temor. De dos meses para acá nos sentimos libres. Toda la gente se siente con libertad. La economía se nos levantó. ¿Por qué? Porque ya todos pueden recorrer sus caminos, cuidar sus negocios, sus empresas, sin temor a nada”.

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