Poniatowska elogia la poesía de la juchiteca Natalia Toledo

Notimex|El Universal

México, D.F.,  03 de abril de 2014.- “Esta poeta difunde su idioma, a lo largo y ancho de nuestra patria, para que no se pierda” dijo la autora de La noche de Tlateloco acerca del trabajo de la escritora oaxaqueña

Natalia Toledo, con su boca de labios rojos y sus ojos cándidos y desvergonzados a la vez, es consciente de que su lengua, el zapoteco, al igual que muchos otros idiomas originarias de México, está en peligro de desaparecer, aseguró la víspera la escritora Elena Poniatowska.

Por eso, añadió la llamada “Princesa Roja” al participar en el ciclo “La primera raíz” que organiza la Coordinación Nacional de Literatura (CNL) en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes el primer miércoles de cada mes, “esta poeta difunde su idioma, a lo largo y ancho de nuestra patria, para que no se pierda”.

La escritora recordó que conoció a Natalia Toledo hace años. En los años 60, en Juchitán, Oaxaca, estaba ella sentada en la plaza, al lado de Francisco Toledo, cuando notó que una niña escondida tras el tronco de un árbol los miraba con mucha insistencia, hasta que él le explicó: “Esa niña, es mi hija”.

Años más tarde esa niña resultaría la poeta y cuentista Natalia Toledo, añadió Poniatowska.

“En París, de adolescente, era ya una criatura hermosa, de largos cabellos negros y artes de pescaditos de oro que ya no se escondía tras de los árboles en la plaza; había olvidado ser espía, pero no perdió la curiosidad”, expresó.

Sin embargo, agregó la ganadora del Premio Cervantes de Literatura 2013, “hoy, Natalia sigue siendo la niña que pesca los peces que a nosotros se nos van”.

Dijo que la familia de Toledo supo trabajar con sus manos. “El bisabuelo de Natalia fue zapatero, su abuelo supo tallar el cuero y tuvo una tienda en la que se vendía melaza y todo lo que tiene que haber en una ferretería y así como su padre toma el pincel o el lápiz, ella sabe dibujar con las palabras”, abundó.

Elena Poniatowska recordó que el zapoteco, etnia de los Toledo, “desciende de las nubes, de su libertad y desenfreno; es el idioma de la sensualidad, del sexo que sale a la luz y presume de cetro, del gusto que provoca hacer el amor, y de los impulsos que estallan dentro de cada uno de los órgano del cuerpo”.

En su oportunidad, Natalia Toledo rememoró que a los ocho años, sin que se le pidiera parecer, la sacaron de Juchitán y la trajeron a la colonia del Valle de esta ciudad.

“Me sentí aislada, encerrada y sola, por eso, me puse a escribir en silencio de lo que había dejado en mi tierra, para no perder mi memoria”, dijo.

A sus 11 años, abundó la juchiteca, comenzó a escribir sus primeros versos. “Mi tema favorito era mi papá; su cabello largo, sus pinturas y todo lo que lo rodeaba. Fue así durante años, hasta que a los 17 tuve mi primer novio, entonces ya nada más escribí para él, pero creo que nunca leía mis cartas”.

La autora de las poesías Paraíso de fisuras (1992), Mujeres de sol, mujeres de oro (2002), Flor de pantano (Antología personal, 2004) y Olivo negro (2005) lució orgullosa, para los asistentes a la Sala adamo Boari el primer huipil que le confeccionó su madre, Olga, hace ya 46 años.

La velada transcurrió largamente entre preguntas de la periodista Poniatowska y respuestas de la poeta, comentarios chuscos, anécdotas, evocaciones de las dos familias y lectura de lo más celebrado de la obra literaria de Toledo, poeta bilingüe cuya lengua original es el zapoteco y luego aprendió a hablar español.

Ella creció entendiendo la trascendencia de la lengua zapoteca, gracias a su familia y a su comunidad; obtuvo conciencia de su lengua materna tanto en su hogar como en la escuela, lugar donde descubrió los libros y sus intereses comenzaron a aflorar, junto con sus riesgos y pasiones.

 

No hay comentarios

Dejar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.