Critica jerarquía eclesial a la corrupción

El oscuro poder de la corrupción engendra males sociales y también particulares al pervertir a las personas y desconfiar del futuro asido a la legalidad. México padece un pecado social que engulle una nación, cuyas leyes deberían moderar la opulencia y la indigencia.

 MVS

México, D.F., 23 de junio del 2014.- Desde el primer párrafo del semanario “Desde la Fe”, la jerarquía católica, criticó la estrategia del gobierno federal, en el sentido de crear el “Órgano Autónomo Anticorrupción”; “la renovación moral y la creación de organismos fiscalizadores fueron, al final, proyectos electoreros que taparon programas ineficaces, cuyos propósitos moralinos sucumbieron ante la corrupción”.

Con las palabras de la semana pasada del papa Francisco de “¡Son traidores los corruptos, mucho más!”, la grey católica para fundamentar que aún no se avanza en el combate a la corrupción, retoma el caso del denominando “hermano incómodo beneficiado por el nepotismo, el desvío de recursos agenciado por el tráfico de influencias o el fraude millonario por la asignación de contratos sin licitaciones, demostraron el lujo de la impunidad, amparado en el inmoral abuso del poder afianzado en la malversación del dinero público”.

Ya en lo que es la presente administración, en el semanario “Desde la Fe”, se señala que aun cuando la “erradicación de la corrupción” fue una promesa, la creación del Órgano Autónomo Anticorrupción en este sexenio está paralizado y se solapa la actividad de la Secretaría de la Función Pública como agencia de contrataciones, consumiendo recursos  elevados y manteniéndola en la incertidumbre y limbo jurídicos”.

Este incumplimiento ya entraña la corrupción que traiciona la confianza y daña la actividad pública honesta, transparente y eficaz, se sostiene.

El oscuro poder de la corrupción engendra males sociales y también particulares al pervertir a las personas y desconfiar del futuro asido a la legalidad. México padece un pecado social que engulle una nación, cuyas leyes deberían moderar la opulencia y la indigencia.

Cuando un ciudadano o un político llevan el pan sucio para alimentar a sus hijos, fruto de sus actos corruptos, cometió un pecado que clama al cielo porque genera violencia, rompe la paz y socava la armonía. ¿Hay solución? Si el traidor no quiere perderse –mencionó el Papa– debe pedir perdón y reparar el daño. Así la República corrupta tendría redención para volver a ser el país considerado, alguna vez, como el cuerno de la abundancia del cual pocos se han servido y muchos no han gozado.

 

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