Pobreza, marginación y fe hilvanan caravana de migrantes

*Crónica de Migrantes de Citlalli López para Oro División Noticias.

Ciudad Ixtepec, Oaxaca.- El cielo amaneció vestido de nubes grises. Sopla un tibio aliento dentro de aquél mundo amurallado por necesidad. Es el primer día de junio de 2014.

El hormigueo en el albergue “Hermanos en el Camino” es inusual. Las mujeres se preparan para la partida. Entran y salen de los diminutos dormitorios hacia el comedor en donde desayunan leche y pan. Suben y bajan con sus hijos de la mano. Se organizan. Esperan el llamado para avanzar con la Caravana de Migrantes que busca llegar al Distrito Federal.

La voz convoca a reunirse bajo el techo de la improvisada capilla construida de lámina sobre la base de cuatro tubulares. Una muchedumbre se congrega llevando sus sillas de plástico alrededor del sacerdote, Alejandro Solalinde Guerra, para recibir la bendición.

A kilómetros de su país y en medio de condiciones adversas, mujeres, hombres, niñas y niños están hilvanados por la fe. De momento resbala alguna lágrima de emoción y esperanza. Coinciden en haber convertido la tristeza en coraje para seguir hacia adelante y enfrentar con valor lo venidero.

El lugar está abarrotado. Aunque predominan los hombres como principales inquilinos, la presencia de mujeres, niñas y niños es evidente. De los tendederos cuelga la ropa de los infantes. En los pasillos se oyen sus risas y llantos. Otros duermen sobre los roídos colchones de los dormitorios y algunos más juguetean descalzos por todo el lugar.

Alberto Donis, coordinador del albergue Hermanos en el Camino, explica que en los últimos dos años el flujo migratorio de este sector creció en un 24.5 %. Las mujeres han salido de sus países huyendo de la pobreza y de los grupos de maras que recientemente han visto en los niños nuevos reclutas.

La misa concluye. La incertidumbre se suma como pasajera incómoda en el viaje. El sacerdote Solalinde Guerra informa que fueron advertidos con ser detenidos por el Instituto Nacional de Migración (INM), pero nadie de los 60 viajeros y viajeras se amedrenta. El reloj marca las 12:00 horas. Inician la caminata.

Georgina carga en sus hombros a su hija menor. Avanza a paso firme en medio del tumulto que al unísono grita ¡¡”Manchadas de rojo están las fronteras porque ahí se mata a la clase obrera!!!”. “¡¡¡Los migrantes no somos criminales, somos trabajadores internacionales!!!

Ella viaja desde Honduras con sus dos hijos y su hija, de diez, ocho y cuatro años de edad, respectivamente. Son parte de las 60 personas: 24 mujeres, 15 niños y niñas, 17 hombres y 4 transexuales, que tienen la misión de reunirse con las autoridades mexicanas y embajadores de Guatemala, Honduras y el Salvador.

Encabezados por el sacerdote y activista Alejandro Solalinde Guerra, plantearán la necesidad de cambiar la realidad de pobreza, marginación y violencia que se vive en Centroamérica y que obligan a la migración en condiciones de ilegalidad.

Georgina explica que desde el pasado 5 de mayo ella y sus hijos iniciaron el largo viaje con la esperanza de llegar a Estados Unidos, en una travesía sobre un territorio que en los últimos años se ha convertido en sinónimo de muerte y sufrimiento para las y los migrantes.

La mujer no se dobla, tampoco el ánimo de los niños quienes ven en el viaje una aventura. La familia trepó a la bestia en Mapaxtepec, Chiapas. Ellos llevaban ocho días esperando el mejor momento para subir al tren. Afortunadamente la mujer logró hablar con el maquinista y pedirle la oportunidad de viajar con mis hijos. “Así fue como me pude subir al tren”, relata.

El cielo continúa nublado pero el aire sofoca al caminar. Eli carga con un brazo a su hijo y con la otra sostiene a su hija, son gemelos de dos años y medio.

La familia es originaria de Honduras. Hace 11 días que salieron en solitario de su país en busca de mejores condiciones de vida. Ella se dice afortunada porque durante su trayecto sólo ha sido víctima de chantaje. Ha tenido que pagar cuotas a gente desconocida para poder transitar.

Sin un solo peso en la bolsa, la mujer se las ha arreglado para comprar la leche y los pañales de su hija e hijo. A su lado camina Guadalupe Solórzano. También originaria de Honduras. Ella lleva en sus brazos a Miguel, un bebé de 6 meses de edad, quien es el migrante más pequeño dentro de la caravana.

El camino lo inició sola. Se encontró con otro grupo de mujeres en la frontera de Guatemala con Honduras. Es madre de cuatro hijos pero sólo viaja con el más pequeño.

La caravana

Durante el primer día, la caravana recorrió a pie el tramo de Ciudad Ixtepec a Juchitán, pasando por Ixtaltepec y El Espinal, como un acto simbólico y de conciencia ciudadana para evitar la criminalización de quienes atraviesan de manera ilegal el territorio mexicano.

Este lunes 2 de junio partirán a Apizaco, Tlaxcala y previo a una actividad en el albergue de esta entidad, continuará su camino para llegar al Distrito Federal el martes 3 de junio.

Alberto Donis, coordinador del Albergue Hermanos en el Camino, explicó que buscan que las autoridades de México, Guatemala, Honduras y el Salvador, se comprometan a buscan soluciones en conjunto.

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