Final del juego y  Las armas secretas libros perfectos de Cortázar

Juan Carlos Castellanos

México, D.F., 24 de agosto del 2014.- Como un hombre muy gentil recordó la ensayista, escritora, catedrática y académica mexicana Margo Glantz (Ciudad de México, 1930), al argentino Julio Cortázar (1914-1984), a quien tuvo la oportunidad de conocer por un momento, poco antes de su muerte, durante una charla que ofreció en el Jardín de Coyoacán, en esta ciudad.

“Pude platicar un momento con él; era un hombre muy gentil”, refirió Glantz, quien en esa oportunidad le entregó “un texto que escribí dedicado a él, y tuvo la galanura de mandarme, en gentil correspondencia, un libro suyo, de formato pequeño pero muy valioso, dedicado especialmente sólo para mí”, expresó a Notimex.

Al cumplirse este año el centenario del natalicio de ese reconocido intelectual, escritor y traductor nacido en Bélgica, de nacionalidad argentina y naturalizado francés en 1981, en señal de protesta por el gobierno militar que se dio en Argentina, la entrevistada dijo recordarlo permanentemente “a través de una lectura muy profunda de su obra completa”.

Para Glantz “Final del juego” (1959) y “Las armas secretas” (1959) son libros perfectos, mientras que “Rayuela” pareció ser una obra absolutamente revolucionaria, “y lo es en muchos sentidos aunque ha tenido muchas críticas”, subrayó que en Argentina, tierra de Julio Cortázar, “la gente no lo considera tan grande escritor, como debería ser”.

Recientemente, en interesantes ponencias, algunos críticos argentinos de relieve, como es el caso de Julio Premat (Buenos Aires, 1958), doctor en Literatura, coinciden en que Julio Cortázar ni siquiera fue un gran surrealista. “Sin embargo, yo sigo creyendo que fue una gran figura, con un impacto muy grande en la generación latinoamericana de los 60”.

Medalla de Oro 2010 por 50 años de docencia en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Glantz añadió, “a manera de juicio arbitrario que tal vez no se sostiene”, que el uruguayo Juan Carlos Onetti (1909- 1994) “es un escritor quien, quizá, va a dejar mucha más huella, a la larga, que Julio Cortázar”.

Plácidamente instalada en la estancia de su domicilio particular, con una pacífica mirada hacia el jardín de flores y plantas, espacio que refleja un acendrado amor por la naturaleza adaptada a la gran ciudad, la entrevistada elevó la voz para subrayar que “Julio Cortázar fue un escritor que impactó muchísimo, a miles y miles de lectores… en el momento”.

Reconoció, sin embargo, que aunque en la actualidad se siguen leyendo sus libros, porque son textos extraordinarios, “ya no tienen la misma repercusión”. En cambio, “Cien años de soledad” (1967), novela del colombiano Gabriel García Márquez (1927-2014) “alteró totalmente el concepto de la lengua y la literatura” y sigue impactando a nuevos lectores.

“Cortázar siguió la línea de grandes cuentistas y sigue siendo un gran cuentista. En algún nivel, otro escritor del Cono Sur, Horacio Quiroga (Uruguay, 1878-Argentina, 1937) maestro del cuento latinoamericano y autor de los libros “El desierto”, “El devorador de hombres” y “El paso del Yabebirí”, tiene más presente y futuro que el propio Cortázar”.

Ganadora del Premio “Clementina Díaz y de Ovando”, otorgado por el Consejo Técnico Consultivo del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), por su trayectoria en investigación sobre historia social, cultural y de género, 2013, Margo Glantz habló de la faceta de traductor que también enarboló Julio Cortázar:

“Yo trabajo los cuentos de Edgar Allan Poe (Boston, 1809-Baltimore, 1849), periodista romántico, crítico, escritor y poeta, traducidos por Cortázar y me parecen una traducción memorable, como todas las que realizó, y singularizó las traducciones de Allan Poe, por la capacidad de modelar el lenguaje y reproducir la atmósfera del autor; no tiene igual”.

Notimex

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