Septiembre, el mes más tricolor del año en la cocina mexicana

Septiembre, el mes más tricolor del año en la cocina mexicana

* Autores compendian delicias culinarias que lucen el colorido patrio.

México, D.F., 15 de septiembre de 2014.- En México, septiembre es el mes de la patria y el más tricolor del año, colorido que se refleja no sólo en luminarias, accesorios o adornos festivos, sino, sobre todo, en la gastronomía que a lo largo y ancho del país prolifera orgullosa, lo mismo con los populares chiles en nogada, que con unas simples “garnachas” con crema (blanco), lechuga (verde) y salsa (roja).

No por nada dicen que la cocina mexicana es una variada mezcla de sabores y texturas, también de mucho color, el de sus variadísimos ingredientes y elaboradas preparaciones, de riqueza ancestral, que es documentada fielmente por un sinfín de publicaciones.

Ricardo Muñoz Zurita se dio a la tarea de escribir Verde, blanco, rojo. En la cocina mexicana, un material espléndidamente ilustrado, que hace un compendio de ingredientes y recetas que se identifican con los colores patrios.

Desde el verde de ingredientes como los nopales, las rajas poblanas, el aguacate, las habas, los quintoniles, las espinacas, las verdolagas, el huauzontle, la chaya, el acuyo y la alfalfa, que dan vida lo mismo a sopas que a guisados, aguas y postres.

Al blanco, en el que destacan cremas, pescados, postres y tamales, pasando por el rojo, el más socorrido en el gusto de los mexicanos, donde se enumeran platillos como la panza, el pozole, el adobo, los moles, salsas, aguas (Jamaica) y atoles (fresa), entre muchos otros deleites para el paladar.

A lo largo de sus 280 páginas, Muñoz comparte más de 130 recetas tradicionales y contemporáneas con ingredientes e instrucciones detalladas que, enriquecidas con sugestivas fotografías, llevan a la y el lector de la mano para su elaboración.

Al final incluye un apartado de platillos tricolores, como los chiles en nogada, el guacamole o el pico de gallo, y un útil glosario de términos e ingredientes para personas interesadas en pasar de la experiencia de la lectura a la degustación y complacer a su paladar.

De acuerdo con Larousse, su casa editora, es un libro para celebrar las fiestas patrias, aunque va más allá pues aunque hace énfasis en los tres colores patrios, en realidad muestra una amplia gama de tonalidades asombrosas como la propia historia de este país.

Otro libro que provocará que se le “haga agua la boca” a cualquier lector es Las fiestas de Frida y Diego. Recuerdos y recetas, un libro que aunque no es novedad editorial permite a cualquiera que lo tenga entre las manos descubrir algo nuevo: la intimidad de esos emblemáticos artistas vista a partir de los recuerdos culinarios de Guadalupe Rivera Marín.

Bellamente ilustrado y encuadernado, el material ha sido, desde su publicación, un referente gastronómico pero también histórico y artístico, pues narra la historia de una familia, vista desde sus gustos culinarios; la vida de Rivera Marín al lado de Frida Kahlo (1907-1954), a partir de recuerdos muy puntuales que confluyen la cocina o la mesa de la familia.

El volumen, dividido en 12 meses del año, con menús relacionados a festividades de la familia, comienza en agosto, mes de la boda de Frida y Diego, en 1929. Septiembre. Las fiestas patrias; Octubre, el cumpleaños de Guadalupe Rivera Marín; Noviembre, el Día de Todos los santos y los fieles difuntos; Diciembre, las posadas y el fin de año.

En Enero, la Rosca de reyes; en Febrero, el Día de la Candelaria; en Marzo, Teotihuacán, donde viven el Sol y la Luna; en Abril, Xochimilco y un paseo en trajinera; en Mayo, la fiesta de la Santa Cruz; en Junio, la comida de manteles largos, y en Julio, el cumpleaños de Frida.

Pero más que un recetario, el libro es una mirada a la intimidad de la Casa Azul, a su cocina, con sus coloridas estanterías llenas de ollas de barro; lo que Rivera Marín llama el ambiente amable de una casa pueblerina, siempre llena de flores; de colores y sabores, entrelazada con anécdotas puntuales y delicias de la cocina mexicana.

Moles, arroces de todos colores; guisos mexicanos con olor a pueblo y a barro; a fogones antiguos, pero sobre todo dulces y postres tradicionales, desde las torrejas hasta la capirotada, pasando por el rompope, el arroz con leche y las frutas cristalizadas, reflejan el gusto de Kahlo y el paladar del afamado muralista mexicano Diego Rivera (1886-1957).

Tamales de todo tipo también figuran en esta cocina, llena de platillos tradicionales de diversas regiones del país, con los que Diego y Frida aderezaban su relación que comenzó con el arte y culminó con la inmortalidad e indisolubilidad que hoy los mantiene como una de las parejas más famosas en el mundo del arte, pero también en la historia de este país.

El libro de 223 páginas fue escrito por Rivera Marín en colaboración con Marie Pierre Colle Corcuera, cuenta con fotografías de Ignacio Urquiza, y es una edición de Grupo Editorial Patria.

Otro alimento de patrióticos colores es sin duda el tamal y los atoles mexicanos, de los cuales se ocupa Margarita Carrillo Arronte, en un volumen publicado en 2012, el cual da cuenta de la variedad de tamales que se encuentra a lo largo y ancho de la geografía nacional.

Utensilios, ingredientes, tipología y preparaciones son reunidas e ilustradas en este libro editado por Larousse, que es una invitación a deleitarse con lo más tradicional pero también con lo más insospechado, en tamales de atún, verdolagas, nata, pollo pibil, gallina, cerdo; chaya, espinaca, coco y nata, arroz, almendra, gasparitos y hasta frijoles.

Mientras que en el apartado de atoles figuran una veintena de recetas elaboradas con frutas y semillas; como el champurrado y el blanco de masa; el de fresa, de arroz, canela, coco, tamarindo; guayaba, pinole, mandarina, piña, amaranto y capulín, entre otros.

 

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