Ayudar al bien morir y descanso de las almas, misión de rezadores

Citlalli López

Noviembre de 2014.- Don Ángel López lo dice sin titubeos, en esta vida no hay casualidades, todo tiene una misión y una razón de ser, la de él asegura, es ayudar al bien morir y a las almas alcanzar el descanso eterno. Don Ángel es rezador.

“Para mí ayudar al alma para que sea perdonada, es cuestión religiosa, pero para eso sirve el rezo, ayudar al alma a pagar las ofensas a Dios, para eso sirven las oraciones”, explica Don Ángel

Para la mayoría de los municipios y localidades de Oaxaca, morir se convierte en todo un ritual, en Zimatlán de Álvarez, inicia desde la agonía de la persona, es en ese momento cuando las y los rezadores ayudar a bien morir.

Don Enrique, otro de los rezadores con mayor antigüedad de Zimatlán, va abriendo el camino de las personas en la agonía, el hombre trabaja en un taller mecánico y tiene más de 40 años siendo rezador.

A través de las cuatro décadas que lleva en este oficio ha aprendido a percibir la cercanía de la muerte, “se nota en el rostro, en la punta de la nariz, cuando se afila también en el pulso, que con cada aliento perdido va alejando de la muñeca y acercándose más al corazón”, asegura.

Cuando la persona ha fallecido, el siguiente paso es la preparación del cuerpo. Don Ángel, quien con Don Enrique son familiares, agrega que anteriormente las familias iban a San Antonio de la Cal, para traer cal, la cual mezclaban con limón y vinagre hasta formar una pasta, la mezcla era colocada en el ombligo de la persona  muerta para ayudar a que no se corrompiera.

Actualmente la cal es colocada en forma de cruz en el piso y sobre esto extendido el cuerpo con las manos entrecruzadas, amarradas con una palma vendida, la cabeza va sobre los ladrillos que simbolizan el polvo y la tierra en la que se convertirán deseando regresar a los cuerpos.

El siguiente paso es la mortaja en la sábana santa, para después depositarla en el cajón de muertos, que se da su última morada. El cuerpo es velado uno o dos días y después sepultado con el acompañamiento de rezos y alabanzas de los rezadores, al día siguiente se acude a la iglesia antes del medio día para entregar el duelo o el alma.

En este ritual son esenciales tres elementos: la hierba de Santa María, las veladoras que se ocupan para el velorio y el copal; se reza un rosario y en la noche se inicia el novenario, es decir, rezos que se extienden durante nueve días.

Don Enrique tiene la firme creencia que más allá de la muerte existe la vida, su teoría esta forjada de experiencias y vivencias en su oficio como rezador, alimentada de aquellas historias contadas por su padre. Una de ellas la historia de una persona que estando en el cajón y siendo velado, regreso a la vida para continuar con su misión.

A la historia le siguen las experiencias personales, Enrique que en algunos casos en donde existen pendientes entre padres e hijos, el fallecido queda totalmente tieso sin dejar posibilidad a cambiarlo de ropa y a mortajarlo, es ahí cuando también realizan la labor.

“Se acostumbra a que se cambia el cuerpo, se le pone ropa limpia, pero hay veces que cuando las hijas o hijos le deben algo al padre o madre, no se suelta, yo les digo te vas a ir guapo, como te vas a ir así sucio”, expresa Don Enrique.

Para Ángel y Enrique el oficio de rezador no está condenado a morir, pues siempre se requiere de una voz que sea el canal para guiar al descanso eterno.

 

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