El dolor de no sentir, trastorno con terribles consecuencias

Notimex

México., 08 de diciembre de 2014.- La alexitimia que impide a las personas identificar emociones, es un trastorno neurológico poco estudiado con terribles consecuencias en el tema afectivo y psicosomático, e incluso puede ser una característica en algunos criminales, quienes simplemente son imperturbables al dolor.

El estudio de esta patología se vuelve central, ya que “gran parte de nuestra vinculación humana tiene que ver con nuestras emociones, es como si tuvieran una especie de analfabetismo emocional”, explica el investigador titular en la Universidad Intercontinental, Juan Pablo Brand Barajas.

De hecho, los involucrados solo se dan cuenta de este trastorno a partir de que los demás les dicen, por lo que “yo lo llamo el dolor de no sentir”.

Ello, ya que la alexitimia “es consecuencia de toda una serie de vivencias dolorosas, desde los primeros años de vida, cuando no muestran interacción emocional, pero sí hay un sufrimiento en el sentido de que no pueden conectar con otras personas”.

En entrevista con Notimex, Brand Barajas indica que ese sufrimiento se puede dar en ambos sexos, pero es más común en los hombres, aunque se ha investigado muy poco y se considera que cada vez es más frecuente.

Algunas de las consecuencias de este padecimiento no son solo del tipo emocional o afectivo, sino también físico, porque al no identificar sus emociones les genera una serie de daños psicosomáticos, ya que todas las emociones se quedan sin expresar y se van al propio cuerpo.

Mientras que en los casos de delincuencia extrema, “escuchamos hablar a los asesinos y no hay ningún tipo de afecto, pero a nivel social sí hay consecuencias graves porque son totalmente pragmáticos”.

El especialista refiere que no existe en ellos un reconocimiento de los otros, “van por su propia causa, es decir, pueden tener un bebé llorando y no les provoca ninguna reacción”.

Se trata de un trastorno bastante reciente, lo propuso el científico Emmanuel Cisneros en 1972, quien combinó los conceptos griegos a, que significa privación; lexis, palabra o arte de hablar, e imos, que es emoción.

Por lo que una descripción de la alexitimia podría ser la de pacientes con trastornos psicosomáticos, incapaces de hablar sobre sus emociones.

A partir de que Cisneros identificó el trastorno, éste ha cobrado fuerza, sobre todo en el campo de la delincuencia y los criminales, pero también en el campo de los trastornos psicosomáticos.

Y es que algunas de las características de la incapacidad de reconocer las propias emociones es una pobre expresión verbal, así como en la parte gestual y sentimental.

Por eso mismo, tampoco tienen capacidad de empatía, no logran percibir las emociones de los otros, se centran en acciones más que en pensamientos o ideas y existe poca expresión de fantasías, sueños e imaginación, por lo que tampoco hay introspección o tendencia a la creatividad.

Asimismo, tienen una serie de complicaciones en las relaciones humanas porque no tienen ese reconocimiento, pero también se vuelve muy difícil la comunicación con ellos, lo que se ve en el espectro autista o síndrome de Asperger.

Mucho tiene que ver con el descubrimiento de las llamadas neuronas espejo, señala Barajas, y en cómo el desarrollo, así como gran parte de la comunicación, se relaciona con el reflejo en el otro, en cómo las vamos aprendiendo.

Por lo que en este tipo de pacientes se ve una falla de inicio en la crianza, donde no fueron muy reflejados; más bien, fueron muy contenidos por las personas que los cuidaron, por lo que todas las expresiones afectivas se desvinculan.

Podría haber algunos casos neuronales de nacimiento o alguna estructura cerebral conectada a la emoción, pero son casos excepcionales, detalló Brand Barajas, quien es investigador en la UIC, en la línea de integración del sentido de coherencia y desarrollo de competencias parentales que favorezcan la construcción.

“Podemos tener casos extremos en donde no hay ni un mínimo de expresión, hay personas que quizás logran mostrar algunas emociones, sobre todo negativas, como ira y tristeza, pero no las positivas, como alegría”.

Son imperturbables, refiere, además pasan desapercibidos porque está de moda no dejarse llevar por las emociones, y es que desafortunadamente hoy estar bajo control está muy valorado socialmente, entonces pueden pasar como personas normales.

Sin embargo, hay que identificar a quienes tienen un mal día de quienes sufren alexitimia, pues a estos últimos les cuesta mucho trabajo establecer una relación de pareja o formar una familia.

Lo pueden hacer de manera muy operativa, abunda, ya que una de sus características es que ante la falta de afectos toman identidades normales, es decir, hacen una especie de disfraz y así van operando, pero se empieza a complicar cuando entran en el territorio de la intimidad.

En ese sentido, indica que el tratamiento debería ser terapéutico, de contacto cara a cara para que se pueda dar la interacción y expresión de las emociones, así como ejercicios grupales, pero no con otra persona alexitímica.

La recuperación requiere un trabajo largo, de una reeducación emocional, “mostrarles: estos gestos corresponden a alegría, estos a enojo, estos a sorpresa, y que los puedan conectar con sus experiencias físicas”.

En este sentido, el especialista se refirió a la “década del cerebro”, del año 1990 al 2000, cuando Daniel Goleman abordó el concepto de inteligencia emocional, la cual se basa en un circuito de tres estructuras, pero aun cuando hay una afectación en dicho circuito, existe la posibilidad de resolverse.

Aquí, lo interesante es que en otras épocas no había un concepto como tal, “parece ser un mal de época”, indica el investigador.

“Son de esos conceptos que apenas se empiezan a reconocer como independientes, lo que sí es que se trata de una característica que cada vez se presenta más”.

Las emociones son un tema de fondo, tienen que ver con una cuestión preventiva, sobre todo con el tema de la crianza, requiere un énfasis, porque se le da toda la atención al desarrollo personal que se deja de lado en ciertos aspectos.

Y es que se han demeritado mucho las emociones, porque se les ve “como un mero sentimentalismo”, aun cuando se calcula que 80 por ciento de la vida está asociada a ellas.

Los investigadores del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Granada, Juan Francisco Godoy y Débora Godoy, que estudian las emociones, las relaciones románticas y sexuales, consideran que este padecimiento lo podrían tener una de cada cinco personas.

Es un problema del cerebro y no significa que no tengan emociones, es que no saben reconocerlas. “Las personas con alexitimia no son psicópatas, ya que sí tienen emoción, simplemente no la reconocen ni la expresan”.

Por esta razón, “es muy frecuente en trastornos del desarrollo (como el autismo), neurodegenerativos (como el Parkinson) o de la experiencia personal (traumas emocionales y estrés post-traumático)”.

También es un síntoma que suele acompañar a los trastornos afectivos (depresión, tristeza, melancolía), a los cuadros psicóticos (esquizofrenia), a trastornos alimentarios (anorexia y bulimia), al dolor crónico (fibromialgia) y otros trastornos psicológicos (drogadicción).

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