Más de millón y medio de personas en México padecen bipolaridad

Notimex

México, DF., 9 de enero de 2015.- La bipolaridad impacta al o la paciente y su entorno; quienes la padecen y sus acompañantes suelen tener diferentes perspectivas sobre esta enfermedad que afecta a 1.6% de las y los mexicanos, expuso Ingrid Vargas Huicochea, del Departamento de Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Al impartir la conferencia “Percepción de la bipolaridad, visión del paciente y su familia”, en la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS), desglosó los resultados de un estudio llevado a cabo de 2009 a 2013 entre la población ambulatoria de la Clínica de Trastornos Afectivos del Instituto Nacional de Psiquiatría.

En un comunicado, destacó que las y los afectados tardan entre ocho y 12 años en buscar atención, hasta que resultan evidentes consecuencias que pudieron detenerse con una detección oportuna, como el abandono de metas académico-profesionales, divorcios, problemas legales y abuso de sustancias.

Por otro lado, las repercusiones familiares incluyen el dispendio de ahorros y patrimonio para costear tratamientos.

La experta apuntó que lo que hoy llamamos bipolaridad era un mal conocido en la antigua Grecia, aunque con el tiempo cambió de denominación.

En su momento, la clasificación psiquiátrica la ubicó como una enfermedad maniacodepresiva, aunque ahora se considera que oscila entre la depresión y la esquizofrenia debido a que comprende aspectos emocionales y episodios psicóticos (aunque no siempre).

En la actualidad se conoce que los pacientes deben recibir tratamiento con estabilizadores del ánimo, aunque también es posible emplear la psicoterapia cognitivo-conductual.

Entre los resultados del estudio, Vargas Huicochea indicó que en el núcleo familiar no todos los miembros atienden a la o el enfermo y quien asume esa responsabilidad (el cuidador primero informal) suele ser una mujer.

El padecimiento se puede presentar a cualquier edad, incluso en la niñez y personas adultas mayores, aunque lo habitual es que se manifieste alrededor de la tercera década de vida.

La universitaria advirtió que todos tienen derecho a experimentar cambios de humor, pero hay que observar si estas modificaciones se intensifican y prolongan. “Esto no tiene que ver con una forma de ser, es una patología con implicaciones en la vida del individuo”.

Al respecto, señaló que hay pocas herramientas terapéuticas, “no somos una sociedad que fomente recursos preventivos de rehabilitación. Si es difícil para quien lo padece, lo es más para los familiares”.

Subrayó asimismo la necesidad de sensibilizar a la población con información veraz sobre esta psicopatología e hizo hincapié en la importancia de una detección oportuna y de favorecer una distribución homogénea de psiquiatras, pues hay pocos en el país y casi todos están en el Distrito Federal.

“Si las y los profesionales y la familia trabajan en conjunto y escuchan lo que vive y experimenta el paciente, la situación mejoraría”, sostuvo.

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