Sierra Juárez, semillero regional de concertistas

Patricia Briseño

Oaxaca, Oax. 30 de abril de 2015. El municipio de Santa María Tlahuitoltepec, en la Sierra Norte, tiene una tradición musical de más de 400 años. Inició con la llegada de la música sacra, que se tocaba en los templos, después se incorporaron grupos vocales y más tarde los instrumentos de cuerda.

Una centena de pueblos zapotecos y mixes son el semillero regional de concertistas, directores y bandas, en las que siempre ha habido mujeres, pero poco se sabe de ellas.

“Al igual que los niños, aquí las niñas aprenden primero el complejo lenguaje musical del solfeo, que a leer y escribir», comentó Citlali Pérez Díaz, quien desde la edad de cinco años ingresó a la banda comunitaria.

 Citlali es licenciada en Biología por la Universidad de la Sierra Juárez, pero decidió acompañar a una decena de niñas que de manera casi natural se incorporan al mundo de la música, empezando como  «escoletas» en la Banda Ka’ux.

“Al igual como muchas niñas y niños, llegué a la banda antes de ir a preescolar. Llevo más de la mitad de mi vida acompañada por la música. Aquí ( en la zona mixe) decimos que nacemos, vivimos y morimos con la música”, asienta.

 Hace más de una década, ella junto con otras chicas integró conformó la primera Banda Filarmónica de Mujeres de Santa María Tlahuitoltepec.

 “Ha sido un gran esfuerzo mantener a la banda, pero se mantiene (como el resto de bandas de la región) con mucho esfuerzo; los instrumentos son muy caros, la familia tiene que hacer un gran esfuerzo, pero el dinero es limitante para abandonar la carrera musical”.

Según la empatía, los y las pequeños ejecutantes eligen instrumentos de caña como clarinete, soprano, sax alto, sax tenor, requinto y el saxofón de boquilla: trompeta, trombones de embulo y de vara; barítono, saxor, tuba, y de percusión: tarolas, bombo, platillos y triángulo.

A temprana edad, niños y niñas son capaces de interpretar de  memoria piezas como  pasodoble, vals, danzones,  marchas, boleros, chilenas, oberturas, entre un amplio repertorio.

Siguen con respeto el movimiento de la batuta de él o la maestra de música, algunos apenas reconocen la partitura, pero hacen el esfuerzo. A  edad temprana, niños y niñas son tomados en cuenta para participar con la banda en la celebración anual del pueblo, el fandango o el velorio.

“A la niña y al niño no lo formas para que se aprenda algo, como generalmente sucede en las escuelas, de forma mecánica, sino que aprende a tocar y solito desarrolla sus otras habilidades. Le empiezas a enseñar algunas notas, y así va armando sus melodías, cada quien elige las canciones que más le gustan”, refiere Citlali.

Banda filarmónica de mujeres de Santa María Tlahuitoltepec. Foto: Patricia Briseño

 

No hay comentarios

Dejar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.