Mía: madre, bailarina exótica y profesora

TEXTO y FOTO: Jorge Luis Plata

Oaxaca, Oax. 12 de mayo de 2015.- Para mantener a las hijas o hijos, la edad no importa así sea uno de los trabajos más desgastantes físicamente, señaló Mía, quien desempeña su trabajo con ese único objetivo.

Ser bailarina exótica requiere tener una buena condición y mucha dedicación al bailar para desconocidos que llegan después del trabajo a olvidarse de los problemas cotidianos.

Mía es el nombre artístico que oculta la identidad de esta mujer, madre de una hija y un hijo a quienes mantiene a distancia, en el vecino estado de Veracruz, de donde es originaria.

Nacida hace 41 años Mía tuvo que trasladarse a Oaxaca para extender su negocio de venta de colchas que emprendió a su regreso de Estados Unidos, donde vivió por unos años, pero las ventas bajaron y tuvo que transformarse en bailarina ante la necesidad de darles una vida mejor a su hija e hijo.

A pesar de competir diariamente con jovencitas que no pasan de los 30 años, Mia es quién tiene más clientes. Su silueta recorre las mesas y hay quienes se disputan su baile, una cortesía que dan a los clientes al comprar una cubeta con 4 cervezas, si el cliente quiere invitarle una bebida extra,  ella se queda más tiempo en la mesa, bajo la advertencia que las bebidas que pague serán caras.

Contrario al ambiente social y festivo de su trabajo. La soledad reina en el departamento de esta mujer, , una planta que renta en 3 mil 500 mensuales, no obstante dice que le acompaña siempre el recuerdo de su hija e hijo.

Odia estar en su casa con poca ropa, en contraste a su imagen laboral.

Mientras sale a comprar su comida se detiene en el banco para depositar en la cuenta de su hija e hijo los ahorros que obtiene durante la noche. En una noche floja el sueldo más bajo llega a ser de mil 500 pesos y en quincena, o poco después de ella, en una noche buena, deposita al menos 5 mil  peso,  libres de  “impuestos” que tiene que pagar al interior de este bar, lugar que espera dejar en poco tiempo pues se prepara para  retomar su verdadero oficio, la docencia.

Está en espera de una respuesta para adherirse al sindicato de maestros en su estado y la posibilidad de regresar a las aulas le da esperanza, le han dicho que podría obtener una base en alguna escuela de Cuernavaca, lejos de trasnocharse  y vomitar en la madrugada para bajarse el mareo que provoca estar tomando al menos 30 cervezas por noche.

Mía no pudo estar con su hija e hijo este 10 de Mayo por su trabajo, pero tiene claro su objetivo: obtener los recursos necesarios para llegar a su meta personal: tener los ahorros suficientes para asegurar el futuro de sus hijos y también dejar  el baile en el  table dance. Mientras sucede su amor y nostalgia le ayudan, sabe que en los años que vienen podrá festejar el Día de las madres junto a ellos.

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