9 meses: ‘si no hay justicia no hay paz’

*Si no hay justicia, no se puede hablar de paz ni que vivimos en un proceso democrático: corresponsal de Proceso en Guerrero.

Rocío Flores

Oaxaca, Oax. 29 de junio de 2015.- Ya son nueve meses de la desaparición de  los 43 estudiantes  normalistas de Ayotzinapa, fueron desaparecidos cuando pretendían tomar autobuses, la historia ya la conocen muchos, los datos, las opiniones, la información y las expresiones que hay alrededor del problema, pero hay que recordar, llevamos nueve meses y hasta el momento no hay justicia , y si no hay justicia, no se puede hablar de paz ni que vivimos en un proceso democrático, sentenció el reportero Ezequiel Flores, corresponsal de la revista Proceso en Guerrero.

“Todavía hay muchas cosas que decir de los 43”, dijo Ezequiel  durante una charla en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO);  junto con su compañero Germán Canseco, reportero gráfico de Proceso recordaron los acontecimientos de Iguala, cuando 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” fueron desaparecidos presuntamente por militares y policías municipales.

Ellos tienen nombre y apellido, tienen una familia que les esperan recordó Ezequiel  y “el problema es que esto no es lo único que sucede. En Chilapa 11 personas fueron desaparecidas recientemente frente a la Gendarmería”, señaló.

Guerrero es un ejemplo de lo que ocurre en el país dijo tajante el reportero.

Ezequiel Flores originario de Chilpancingo retomó los últimos acontecimientos ocurridos en Guerrero durante las elecciones, para apuntar a manera de ejemplo como todos los rencores se quedaron en Guerrero pese a que el Estado le apuesta al olvido.

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“Venimos saliendo de un proceso electoral que vivimos en diferentes entidades, entre ellas Oaxaca. En Guerrero fue significativo porque había una demanda insistente de los padres, de las madres, del normalismo y del magisterio que pretendían boicotear el proceso electoral. Nunca habíamos visto tal cantidad de policías y militares enfocados, no en atacar la violencia, no en atacar a los delincuentes sino a  inhibir los conflictos sociales, de verdad fue sorprendente ver la cantidad de policías federales acantonados,  preocupados (obviamente no ellos sino los mandos) por evitar que la protesta social boicoteara el proceso electoral, no se enfocaron en darle seguridad a la ciudadanía, darle esa libertad que todas las personas debemos de reclamar, no sólo en el papel; en Guerrero tuvieron que salir a las calles para reclamar ese derecho, pero ese derecho no está por encima del derecho de la vida y del derecho a la seguridad”.

Ezequiel Flores recordó que un día antes de la elección en Xolapa, la zona rural de Acapulco, dos grupos armados bloquearon la zona, se dio una matanza, 16 personas fueron asesinadas en un enfrentamiento por un conflicto interno entre policías comunitarios.

En tanto, en la noche el gobierno hacía llamados a la sociedad a que saliera a lo que ellos llaman “participar en la fiesta cívica”.

Presuntamente el gobierno había asumido el compromiso de garantizar el derecho que tiene la ciudadanía de votar. “Un derecho que no puede estar por encima del derecho a la vida, del derecho a la seguridad y del derecho a la justicia”, dijo el reportero.

Mientras cubría con su compañero Germán las elecciones en Tixtla, donde a las 11:00 horas ya habían quemado un gran porcentaje de urnas, hubo una matanza en Tlapa, donde había un operativo federal, ahí mataron al joven Antonio Vivar Díaz, recién egresado de la universidad; la normal estaba sitiada por 300 militares, incluso por equipo antimotines, observó.

Militares, soldados, más allá no había otra cosa. El Estado se empeñó en imponer una elección blindada por militares y con policías.

El Ejército en Guerrero

¿Qué paso con los muchachos, están vivos,  qué pasó realmente con ellos, los tiene el Ejército? preguntó una mujer-madre durante la charla, que tras haber escuchado por más de dos horas la historia que los reporteros han vivido a través del periodismo, no pudo más que calificarla como una historia de horror.

Este señor y (otros) es el que tiene que explicar y dar una respuesta apuntó Ezequiel Flores, al tiempo que volteaba a la proyección en la pared que justo en ese momento proyectaba la imagen de Murillo Karam.

En Guerrero no pasa sin que se entere el Ejército, hay un batallón y están por todos lados, forzosamente tienen  que ver todo, dijo el corresponsal más adelante sin responder directamente al cuestionamiento de la mujer que hasta ese momento vio derrumbar el concepto de seguridad que proporcionaba la máxima autoridad militar, y que ahora se preguntaba si debía cuidarse entonces del Ejército y del Estado.

“Se dice que había un elemento del Ejército entre los 43”, se escuchó en la sala del IAGO.

Responde Ezequiel: “no quiero calificar a este joven como infiltrado porque no tengo bases pero este hecho puede dar otra línea de investigación y es una muestra del interés que tiene el Estado  en este tipo de espacios, en donde los políticos dicen que son semilleros de guerrilleros pero existen jóvenes que piensan, critican y cuestionan y ese, para mí, es el único delito de los normalistas de Guerrero”.

Por su parte Germán Canseco responde sin miramientos: en Ayotzinapa, en la UNAM, en todas las escuelas y movimientos sociales donde hay libre pensamiento hay un infiltrado. Sí, parece que tienen miedo de las ideas que salen de Ayotzinapa pero también de los lugares dónde hay jóvenes.

Los 43 abren la cloaca en Guerrero

En Iguala ya van más de 130 cuerpos, es un cementerio,  pero también es sólo un  botón de muestra, tres cuartas partes de la entidad se encuentran como Iguala, ahí fue donde desaparecen a  los 43  y  huele a  muerte, Guerrero  abre la cloaca a partir de los 43  pero hay más de 25 mil desaparecidos en México. destacó Germán Canseco el reportero gráfico que ha dado seguimiento al caso de los 43 estudiantes desaparecidos.

Los 43 vinieron a darnos un poco más de conciencia de lo que ocurre en el país, tal vez porque eran jóvenes o estudiantes, pero el problema de los desaparecidos es sumamente grave, apunta Canseco.

“Antes éramos 132, luego todos fuimos 43, pero a la quinta marcha todo se vuelve molesto, creo que es el mensaje importante es tiene que ver con el humanismo, si son 43 y son alguien, tienen nombre y apellido, tienen familia, pero hay muchas más personas sin rostros, sin nombres”.

En Guerrero insistió Canseco, todos los días hay levantados, hay asesinados, qué desaparezcan a 11 personas frente el estado más protegido y blindado en el país demuestra la gravedad.

El problema de los 43 no es un problema de Guerrero, es de Oaxaca, de Chiapas y de todos los estados del país.

“Si nadie castiga a los responsables Ayotzinapa se puede replicar en todo el país y hasta enfrente de nuestra casa”,  sentenciaron los reporteros.

“No es un movimiento gremial, ni de unas madres y padres, debe de ser una exigencia generalizada para evitar que esto se repita en cualquier lugar en el país”.

 

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